18 enero 2008

El beso de la mujer araña

Cinco. Al menos fueron cinco veces. Anoche dormía en mi habitación, la puerta del balcón abierta, el ventilador encendido, las sábanas blancas a cuadritos azules bien estiradas. La primera vez me desperté sobresaltado (Kafka dixit) y observé la almohada: la pata de una araña intentaba salir de entre las plumas de ganso (exacto: soy un anarcoglam, como dice Werner, o un anarquista de elite como Rafael Barrett). Veía la pata de la araña moverse y me daba asco. No había fumado nada. Ni tomado ninguna pastilla. Veía la pata y encendía la luz y volvía a tocar la almohada pero no podía encontrar nada. Cambié la almohada, seguí durmiendo con la otra que tengo y de vuelta me desperté. Me dolía el pecho. Eran las dos de la mañana y sentí un movimiento entre las sábanas, un tallo negro y peludo que me saludaba. Me dije que la araña no podía seguir ahí. Me levanté a tomar agua y volví, me aventuré otra vez al sueño pero al rato de vuelta. Fueron cinco veces. Desperté todo el tiempo por la maldita araña que no existía. O existía sólo en el sueño lisérgico de un tío sonámbulo.

5 comentarios:

Vir dijo...

Estas son las cosas que les pasa a los malditos optimistas como usted, Prats.

Lindo post.

a. prats dijo...

Maldito optimista no sé si es una agresión o qué. Pero sí: maldito optimista tiene algo más de mística que un optimista a secas.

Vir dijo...

Agresión, jamás.

a. prats dijo...

Casi me da un soponcio.

Franky Four Fingers dijo...

Aracnofobia Prats?
A Bond (el de Connery) le soltaban tarántulas en la cama.
Quizás...

esto pasó