12 noviembre 2008

Shhh

No sé qué es un blog. Escribo. Hablo solo. Hablo dormido. Me despierto y digo incoherencias. O creo que me despierto y digo incoherencias. O creo que me duermo y, despierto, no dejo de decir incoherencias. Me despierto con un grito. Y alguien me dice que estoy dormido. Me despierto y trato de explicar que el problema es una pelota que tenía en la mano y ya no está. Pero me dicen que estoy dormido, que debería descansar, estás muy contracturado, me dicen y pienso que la noche es la noche de Polidori, Byron y Shelley en Villa Diodati. Se propone un juego. Un desafío. Alguien escribe. Como si fuera una película de Greenaway se derriten víboras en las paredes. Hay un vampiro. Una ventana se cierra: ¡paf! Salto. Grito. Estoy dormido o despierto. Dormido digo que yo cierro la ventana. Abro la ventana, pienso en que me mirarán los de la casa ocupada de enfrente, gritarán algo o me invitarán a bailar cumbia. Tardo en cerrar la ventana. No cierra. No encuentro la gomita que la cierra. Estoy dormido. Tengo calor. Tengo una contractura que traza un dolor constante desde la base del cuello hasta la cintura. Grito. Pero estoy dormido. Me dicen que deje de gritar, pienso en que debería dejar de gritar, sueño que debería despertarme y bajar, rogar que la puerta de calle esté abierta porque no tengo llave de ningún lado. Me quedo en la escalera. Pienso. Leo. Me quedo dormido.