27 agosto 2007

Hongos

Llego a casa a las seis y media. Abro las ventanas, enciendo la calefacción (no lo digas, lo sé) y me acomodo en mi sillón a leer un rato. Morrison dice que si no cierro las ventanas, vuelve a suicidarse. No le hago caso. A la que sí le hice caso fue a C., la esposa de ZZTT, un amigo, que la semana pasada me dijo que en Disco, con Banco Francés, los lunes hay un quince por ciento de descuento. Hoy fui al supermercado, como todos los días (pero hoy era lunes así que fui contento), a comprar 0.50 centavos de pan, una cebolla, dos papas (grandes) y dos presas de muslo-pata (lamenté no tener el teléfono donde se consiguen pollos especiales, de granja, pero ya estaba ahí, así que tenía que conformarme con comer estos pollos alimentados con pichicata). Pienso en Burroughs. No sé por qué, pero creo que los pollos bailando, alimentados a base de siliconas, deberían haber sido el elenco de una escena de El Almuerzo Desnudo.
Busco Aerial, de Kate Bush, y me dispongo a cocinar: la tabla de madera, el cuchillo, las cacerolas. Primero pelo las papas y las pongo en agua para que hiervan. Después, lloro como un desgraciado con la cebolla, lloro todo lo que no lloré con la película de Darío Argento que vi la noche anterior, porque tendría que haber llorado, no por triste (¿Darío Argento?) sino por mala. Pero la pasé bien igual, no por Argento sino por Ella Fitzgerald.
Ahora vuelvo a la cebolla: lloro. Mal.
Las papas terminan de hervir, las meto en una sartén y al horno. Las baño un poco con sal y limón. Nunca puedo hacer que las papas al horno terminen doradas, todas por igual, y no sé si el problema es mío o del horno. Algún anónimo dirá: mío, desde luego, pero lo reto a ver quién hace el mejor pollo siliconado con papas al horno sin dorar. No importa.
Después de condimentar el pollo (salsa inglesa, salsa de soja, limón y sal), empiezo a saltar las cebollas (¿saltar? ¿saltear?). Pienso en una recomendación de mi madre (la chica que de joven, al manejar un auto, doblaba en las esquinas en dos ruedas o bailaba arriba de un caballo en su casa de fin de semana): siempre agregale un poco de salsa de tomate. Y eso hago. Busco un tupper de la heladera donde recuerdo haber guardado un poco de salsa que había sobrado de unos fideos de hace... tres, cuatro ¿meses? Abro el tupper y no hay olor, pero sí burbujas verdes. Otra vez pienso en Burroughs. Me descompongo. Intento tirar la salsa de tomate con hongos (y te aseguro, Morrison, que esto no tiene nada de sofisticado) pero no cae al tacho de basura. Busco un cuchillo y raspo. Pienso en las experiencias místicas de William James, en los misterios de Eleusis, en el espíritu ebrio de Nietzsche. Todavía el tacho está en un rincón de la cocina, tapado, pero puedo oír el murmullo de los hongos, puedo sentir cómo Morrison quiere dejarse llevar, quiere que lo encierre en el tacho, quiere escuchar a The Velvet Underground en una noche de música porno, y marihuana, y delirio. Le digo que vuelva, pero Morrison no me hace caso.
Las papas no se doraron, y el pollo siliconado está lejos del que pude probar en casa de Ella Fitzgerald.

13 comentarios:

Ella F. dijo...

Quinta fresca: 0800-999-9199.

a. prats dijo...

Esto es delivery de teléfono. Maravilloso. Anoten, chicos.

Pedro Kuy dijo...

En principio, destaco el mérito de la labor. Un hombre que cocina ya es, de por sí, interesante.
Y en otro orden de cosas, Prats, qué espera para escribir la biografía de su madre? Esos dos datos que dio acerca de ella no son en absoluto irrelevantes.
Piénselo.
Yo le dejo picando la inquietud.

Danhy dijo...

Me encantaria invitarlo a comer para que ve ala perfeccion de mis papas a medio hornear. Doradas de un lado, crudas del otro...

tarumba dijo...

A mi los hongos me recuerdan a los pitufos

a. prats dijo...

Qué cree que estoy haciendo, Pedro. Mi gran obra, en definitiva, es la historia de mi madre.
Danhy: cuando quiera puedo ir a probar sus papas.
Tarumba: supongo que veía la televisión con alucinaciones. Es así.

Ella dijo...

Vaya a lo de Dhany, Prats. Vaya.

a. prats dijo...

Iría con usted, Ella, desde luego.

Benson dijo...

No hace falta hervir las papas, Prats.
Las corta en cubos, las pone en un bowl con un buen chorro de aceite, se me arremanga, las marea un poco y directo a la asadera.
Después me cuenta (o me invita a cenar qué es eso de andar desaynando con todo el mundo).

a. prats dijo...

Así es mi vida, Benson, un día Sabina, otro día Douglas Gordon, mañana, quién sabe, quizás nos encuentre desayunando juntos. El problema es que usted, tan concentrado en ganar dinero, no tiene ni tiempo de desayunar.

V dijo...

Este post está muy bueno, Prats. Eso si: dedíquese al periodismo, a la literatura, a la crítica de arte. No le vaticino un gran futuro en la cocina. (Habrá que ver qué ondas las empanadas. Ahí puede ser.)

Pol Capillas dijo...

Cualquier hombre que sepa cocinar algo mas que un paty y un fideo con manteca, merece mi admiración y respeto así su salsa este podrida.

a. prats dijo...

Seguiremos probando con la cocina y el arte, V. Gracias, Pol