24 abril 2007

Kafka


Kafka en la orilla
Haruki Murakami
Tusquets. Andanzas


La narrativa del escritor japonés Haruki Murakami podría dividirse en dos partes: una realista (conformada por Tokio Blues, Al sur de la frontera al oeste del sol o Sputnik, mi amor) y otra en donde co-existen mundos paralelos (la excepcional Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y Hard-boiled Wonderland and the End of the World, esta última todavía no editada en el país). Su última novela publicada en castellano, Kafka en la orilla (Tusquets, 2006), se instala en este segundo grupo. Es la historia de un adolescente que escapa de su casa, donde vivía con su padre, luego de que su madre lo abandonara a los cuatro años, y también intenta escapar de una profecía edípica que lo amenaza. El muchacho, que es un típico personaje de Murakami (silencioso, lector voraz, melómano), elige utilizar otro nombre, el de Kafka, para iniciar su travesía. Desde luego, las referencias al escritor checo van más allá del título, del nombre del personaje o del alter ego del muchacho (el “joven llamado Cuervo” --Kafka, en checo, significa cuervo--). Una historia que corre paralela a la de Kafka Tamura es la de Nakata, un anciano que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando todavía era niño, sufrió un incidente en una aldea, y a partir de ahí dejó de leer y escribir pero adquirió la capacidad de hablar con los gatos. En este punto, la novela genera desconcierto. Pero si el lector acepta cruzar esa línea, logrará lanzarse a una aventura de la imaginación, tal como nos incentiva la literatura de Kafka. Esas dos historias, al parecer desconectadas, comienzan a cruzarse. Es entonces cuando se percibe la respiración de esos “otros mundos” metafísicos y metafóricos de Murakami para reflexionar sobre la violencia (y en particular sobre el nazismo). A medida que el texto avanza surgen personajes de la cultura pop como Johnnie Walker (sí, el ícono del whisky) o el Colonel Sanders (personaje de una cadena de fast food muy popular en Japón) que vuelven a desafiar lo verosímil y las leyes de la novela tradicional. Su arquitectura precisa sumada a los intertextos y la necesidad de tener, por parte del autor, una nueva mirada sobre el mundo, hacen que este libro sea imprescindible.

2 comentarios:

naoko. dijo...

Creo que Nakata es mi personaje favorito de ese libro... ¡lo adoré! Es muy inocente y tierno.

Sputnik también tiene cosas fantásticas al final!

En la Feria del libro compré Tokio Blues para regalarle a una amiga que cumplió años, y me regalaron unos anotadorcitos, que son ediciones de libros de Tusquets, pero de tamaño pequeñísimo y, claro, con las hojas en blanco.
Me dieron Kafka en la orilla, Cuentos sin plumas de Woody y Sueño profundo de Banana... son adorables!


Ayer recibí un mensaje al cel que decía "de tanto ver tu nick... me compré Tokio Blues". No sé quién fue, me da intriga. Si cobrara yo regalías por la cantidad de gente que leyó a Murakami por recomendación -directa o indirecta- mía, me volvería rica!

bueno, me extendí demasiado.
besos, que estés bien, nada de mugre eh!

a. prats dijo...

Naoko, comencé con su comentario de arriba y me di cuenta que se había enganchado en todos los posts. Buenísimo. La verdad es que Nakata es un grande. Su historia es tremenda. Estoy leyendo el libro de Jay Rubin: "Haruki Murakami and the music of words" y es maravilloso. Rubin es el traductor de Murakami al inglés y lo conoce mucho. Uno se da cuenta del universo Murakami.
Creo que somos dos grandes iniciadores de Murakami en la Argentina. Tendríamos que fundar una iglesia o alguna secta o al menos un club de groupies de Murakami. Que no le haga sombra a Prats, desde luego.