19 febrero 2009

El conde

Lo llamo a Laiseca, quiero saber cómo anda.
- Con este calor no puedo pensar, flaco.
Siempre habla así. Dice flaco. Gruñe. Respira y se escucha la respiración del otro lado del teléfono. A lo lejos, un televisor encendido.
- No puedo pagar mis cuentas, flaco.
- Yo hago que se acumulen las cuentas, Alberto.
- No puedo, flaco.
Le digo que ya encontraremos alguna forma de pagarlas y lo convenzo de que me cuente cómo escribe sobre sexo.
- Eso lo puedo hacer - dice.

Jet Lag

Estoy de vuelta. Todavía no me recuperé. Estuve sin dormir un par de días y otro par de días viajando. Nunca me había pasado que la azafata de Lan Chile se acercara y me dijese: están sentados en una puerta de emergencia, ¿están en condiciones de ayudar? Asentí pero no sabía si tenía que decirle que tenía sueño y hambre y que no estaba muy muy seguro de que si alguien me pedía que lo sacara del avión en caso de caernos en el río Magdalena o en medio del Atlántico iba a estar a la altura de las circunstancias, si iba a mirar para otro lado, no se lo dije, le dije que sí con la cabeza y ya me sentía un héroe, y después nos pidió que leyéramos con atención las instrucciones para abrir la puerta de emergencia, para ubicar dónde estaban los salvavidas. No las leí. Cerré los ojos y me dormí con un disco de Bob Dylan (Blond on Blond) que encontré en el sistema de entretenimiento.

15 febrero 2009

Manes, ciclas y viaje

Uno de los diarios más vendidos de Barranquilla se llama "Al día": un diario diferente, dice el slogan. Tres títulos de tapa para que te des una idea: "Le cayeron a cuchilladas", "Lo cascaron con pico de botella", "Se mamó tronco de muñequera". Todos con fotos de rostros ensangrentados o destruidos en la camilla de un hospital. En el resumen de la semana, que se encuentra en la página tres, se muestran, día por día, los hechos de violencia en la ciudad, con sus respectivas fotos: "Dos manes en ciclas le dieron viaje", dice uno que habla de cómo dos sicarios en bicicleta asesinaron de dos balzos a un vendedor ambulante. "Una culebra le mordió el pene" o "A Jaime le sonaron por una canción". Manes, ciclas y viaje.

14 febrero 2009

La muerte

La muerte me trajo a Barranquilla. Ayer estuve en un cementerio lleno de tumbas rotas. Pereira, uno de los sepultureros me señalaba los muertos ilustres del lugar. Uno muerto por la mafia, un capo narco asesinado en la cárcel, otro asesinado también por los narcos porque era amante de la novia de un jefe. Señalaba uno a uno y me contaba por qué la gente ya no pagaba lo que tenía que pagar y por eso las tumbas estaban todas rotas y sin césped. En uno de los desfiles de carnaval más descontrolados que vi en mi vida, La Guacherna (yo estaba como invitado en la comparsa "Disfrázate como quieras") conocí a Jorge Rodríguez, un pastor evangélico que había estado en la cárcel cinco años atrás por ser mula del Cartel de Cali. Entre shots de aguardiente, me dio su teléfono porque podía presentarme a otro pastor, de nombre Rodrigo Arenas, ex terrorista y quien fuera responsable de la bomba en el Hotel Royal. Tengo amigos nuevos.

11 febrero 2009

El rey

La vida me trajo a Barranquilla. Es una ciudad industrial sin ninguna belleza, pero como me decía un cachaco (los cachacos son los de Bogotá -los que no tienen playa- y en broma se les dice a los que no saben bailar, es decir los bogotanos) es una ciudad que la única belleza que tiene es su gente. Lo que suele decirse de las ciudades que no tienen nada. Me sorprende que en época de carnaval todos están dispuestos a hablar. Anoche me fui a una casa donde ensayaban las treinta reinas de los barrios marginales. Una era más linda que la otra. Hablé durante horas con Laura, una enfermera mulata de diecinueve años que lo único que deseaba en su vida era bailar el mapalé ("es la vida", dijo), una danza africana imposible de bailar para cualquier otra persona que no se mueve así ni tenga un concepto del movimiento desde los seis meses de vida como los colombianos. Le dije que era una danza ideal por si tenías contracturas (como las mías) en la espalda porque literalmente movés cada hueso de la columna y tiene algunos rasgos de las danzas brasileñas que cualquier argentino vio en las playas de Brasil. Laura tiene un amigo en la Argentina que conoció por internet. Su amigo es stripper ("una ricura", me dijo). Mientras estábamos sentados a un costado de la casa, se acercó otra de las treinta reinas y me preguntó de dónde era. Cuando se alejó, Laura me dijo que no la soportaba porque era una envidiosa. Pensé que todas se llevaban bien, le dije y ella abrió los ojos, me dijo que eran todas envidiosas: "somos mujeres, somos reinas, no podía ser de otra manera". Después sacó una musculosa amarilla de su bolso y me dijo que debía ior a cambiarse porque ya iba a empezar el ensayo. Me quedé a verlas. Randy, el coreógrafo había armado una coreografía que acentuaba los rasgos de las danzas africanas y por eso el mapalé era fundamental. Ni bien empezaron, se cortó la luz de todo el barrio. Siguieron a oscuras. Luego Randy y un grupo de bailarines practicaron unas acrobacias. La única iluminación era la luna llena al fondo. Cuando me fui en taxi, pregunté dónde podía cenar y me indicaron una zona gastronómica. Cuando llegué encontré la camioneta de la reina del carnaval (hay reinas populares, que son reinas de los barrios más carenciados y una reina del carnaval que es una chica de la elite barranquillera y para llegar a ser reina la familia debe invertir cerca de trescientos millones de pesos colombianos, que son algo así como ciento cincuenta mil dólares. Una locura.) Mariana, la reina de este año, invirtió esa suma y, según dicen, fue el mayor espectáculo que alguna vez se haya visto en la historia de Barranquilla. 150 personas en escena y todo eso. Cuando me acerco a saludarla, primero saludo a su edecán (tiene custodia policial) de nombre Iván y me cuenta algo de la intimidad de la reina. Es una chica muy bonita que se acerca con su vestido brilloso y me saluda. Mientras habla y la miro me doy cuenta de que cualquiera de las treinta reinas populares que están en esa casa sin luz, ensayando hasta las once de la noche es mucho más linda y bailan mucho mejor que esta chica rica. Pero, según me dicen, el pueblo no querría jamás una chica popular. Quieren a una chica de piel blanca. Quieren enloquecer por esa chica de la elite que durante un año recorre el mundo siendo la imagen de este carnaval.

04 febrero 2009

Anarco dandismo

Alguna vez, Prats recomendó a un autor catalán: Kiko Amat. Aquel libro se titulaba Cosas que hacen BUM y también estaba editado por Anagrama. Acaba de publicar su nueva novela, Rompepistas, que ya salió en España y del cual leímos su primer capítulo. Hace unos días, Amat publicó en el suplemento cultural de La Vanguardia un texto sobre una revista de la cual tendré que ser inevitablemente fan, The Chap. Dice Amat: The Chap es una revista inglesa actual que pregona la “revolución del tweed” y los preceptos del anarco-dandismo. La C.A.D. (Confederacy of Anarcho-Dandysts) celebra la era del jazz, los 20’s-30’s-40’s, la caballerosidad, los trajes hermosos y los cócteles tonificantes, y lucha contra la “sosificación” de la juventud y la cultura de la “vulgaroisie”. La lectura de The Chap es ciertamente estimulante, y le hace a uno desear catapultarse hacia unas décadas que no conocían el reggaeton ni las zapatillas deportivas, y en las que se valoraba el esfuerzo, la cortesía y el calzado resistente. En las páginas de The Chap no encontrarán ni rastro de Madonna o D&G, pero sí a David Niven o Noël Coward. No les hablarán de festivales musicales o “cultura de clubs” pero sí de utensilios de afeitado adecuados o cómo colocarse un cuello de camisa separable. The Chap busca “tomar una sociedad indiferente y poco elegante” con una revolución. Naturalmente, como ellos mismos confiesan, al estar “poco preparados para el esfuerzo que exige una revuelta convencional, debemos prepararnos para una revolución basada en la languidez excesiva y el vestir pero que muy bien”. Más. Una vez, el amigo alemán de Prats, Werner, le dijo que indudablemente Prats era anarco-glam. Se refería a sus jeans gastados, a sus remeras dadas vuelta, a su rapado psycho. Sin duda: Prats es un fashion victim. Y obviamente que Prats recomendará a Kiko Amat. Todo gira, decía ¿Fito? ¿Charly? ¿Alguno de esos?

31 enero 2009

Niñas

Tenían diecinueve y dieciseis. Tenían una banda. La más grande era la cantante y la pequeña, que al principio de la noche no parecía tan tan pequeña, era la pianista. Eran de esas personas al borde del freakismo que te desconciertan. Un padre italiano que sólo les había hecho escuchar música clásica. No sabían nada más. El cuarteto para violines de Mozart completo pero ni idea de lo que significaba una banda como Blondie. Algo de los Stones sabían pero de oída, tampoco demasiado. Y en un momento, dicen, se revelaron y quisieron empezar a tocar rock.
- ¿Y qué tocan? - pregunté.
Cinco minutos después, la pequeña, que decía sentirse mal porque no lograba hacer nada con su vida, responde:
- Y rasguña las piedras.
Pensé que me estaba cargando entonces dije:
- Y cierran el repertorio con Seminare, me imagino.
Cinco minutos después, la pequeña que no dejaba de mirar el techo, preguntó:
- ¿Cuál era Seminare?

27 enero 2009

Escena

El lugar es una sala de espera casi vacía. El chico con cara rara (Zach Braff) se fija en la chica linda (Natalie Portman), que está a un costado y tiene unos auriculares enormes. Se ríen. Flirteo. Ella se acerca, se quita los enormes auriculares y le dice que escuchar esta canción te puede cambiar la vida. Se los tiende y él escucha "New slang", The Shins.



26 enero 2009

Fin

Son las 21.45.

Cosas que te pasan si estás muerto

Está confirmado: los Prats escucha tendrán su versión en vivo. Sesiones Prats, Prats escucha o como quieran que se llamen. Cualquier viernes de estos, pre dancing en un bar del Nuevo Bajo. Ya les contaré. Por ahora me detendré en las cuatro horas que pasé ayer en Malba, viendo las extraordinarias historias de Llinás, que de extraordinarias tienen algo: esos momentos en la cena de los viejos del club y la lectura de sus pensamientos como así también las comidas en casa del hombre de campo y sus hijas donde cae Zeta, la historia de Lola Gallo que me pareció muy interesante, además del recurso de contar la historia tipográficamente y con la cara de Spregelburd sólo en fotos. Llinás tiene momentos. Historias extraordinarias son momentos. Y al salir de la función uno podría decir, como dice Casas sobre Aira: ¿Llinás nos cagó? No lo creo, pero seguro que se ríe desde la sala de proyección cuando aparece el remate de la Lucky Song. Me fui, comí tallarines con salsa en una casa donde la canilla del baño no dejaba de largar agua, hablé de energía renovable, de los festivales que se hacen en el mundo con esa energía, de los que se piensa hacer en la Argentina, hablé de tantas cosas hasta las dos de la mañana que no vienen al caso. Lo curioso es que al llegar a casa parece que había fiesta en algún rincón de Chacarita. Se escuchaba música. Y ni bien me quité la remera, el pantalón y me tiré en la cama, sonó Billie Jean de Michael Jackson. Empecé a reírme y abrí la ventana: quería ver de dónde venía la música y me dije que hoy debería terminar la novela.

24 enero 2009

Rituales

Pongo una cacerola con agua y un caldito de verdura. Hierve. Meto los fideos de espinaca y los revuelvo un poco, casi una tortura para los que no quieren meterse en el agua hirviendo. Después me siento frente a la computadora y escribo lo que estoy haciendo de un modo compulsivo, como si de esa manera se me ocurriera la solución de los problemas de la novela, una forma de destejer la somnolencia de los dedos, de escribir cualquier cosa sin importar lo que sea y que las ideas decanten como le sucedía a Ernesto cuando estaba en París y se le ocurría una idea: se iba a tomar un café y a dormir con su esposa y recién después, a la mañana siguiente, se sentaba y escribía. Anoche en la fiesta Compass hablaba con Iván y Lorena sobre el acceso a los libros que teníamos de chicos. Me acordé que a los diez años leí un libro que ocurría durante la guerra fría y que se llamaba El Zorro Rojo de Anthony Hyde, y estaba editado en esa colección de Grandes Novelistas Emecé. Lorena comentaba que su padre la guió en las lecturas y que muy chica pudo leer unas obras completas de Oscar Wilde en una edición preciosa que le volaron la cabeza. Yo me sigo acordando de esa novela que tenía espías, muertes y un homosexual corriendo desnudo por las calles de Milán o una ciudad de esas. Un libro que di vueltas la casa de mis padres para encontrarlo. Y ahora tengo un ritual que incluye fideos sin salsa, fideos casi monásticos, para no perder tanto tiempo limpiando cacerolas.

23 enero 2009

Los perros mueren en el desierto

Anoche me reuní con Iván y el resto de mis editores. Lo llamé al mediodía porque la novela estaba adquiriendo pasos de comedia y necesitaba reírme con alguien así que me preguntó si tenía algo para mostrarles y le dije que tenía un work in progress pero que no me gusta mostrar nada antes de terminar. Me dijo que nos podíamos juntar a la tarde así charlábamos del tema y que llevara, aunque sea el principio, para que lo fueran leyendo. Acepté. Imprimé lo que tenía, casi un setenta por ciento de la novela, me senté a corregir algunas cosas y con la música de Natural Born Killers salí de mi casa. ¿Dije que me gusta salir de casa con la música sonando? Es así: programo el equipo para que se apague solo diez minutos después de mi escape. Me gusta escuchar música mientras espero el ascensor. Entonces llevaba los papeles en la mano y crucé la calle, compré cervezas y llegué hasta la casa de Iván, que vive a pocas cuadras del cementerio. Mientras esperaba que bajara a abrir pensé en estos pocos días que llevaba con la novela. Digo: escribiéndola, porque la había pensado durante mi estadía en el bosque. Una vez Norman Mailer dijo que si le preguntan de qué depende el trabajo, la palabra clave (y una palabra desdichada, dijo), era resistencia. Escribir a menudo depende de la capacidad de mantener la fe en uno mismo. En estos días varias veces me despertaba ateo y dudaba de poder terminarla antes de febrero, pero soy cabeza dura y aquí estoy, a pocas páginas del final (pero, claro, las más difíciles). El otro día lo hablaba con Ella Fitzgerald: lo único que tengo es voluntad, le dije, y ella respondió que eso ya era mucho. Quizás tenía razón. Anoche, sentado en el living de los editores, mientras el "manuscrito" daba vueltas a la mesa y los tres hacían comentarios positivos sobre el texto y principalmente sobre la historia, me sentí casi como Dick que escribía de una semana a otra, sin parar, como en trance. Y mostraba y publicaba y cobraba su dinero y ya estaba en otra historia. Un escritor profesional. Igual fue extraño que cuando todavía me falta el final de la novela los editores ya piensen en la tapa, que al parecer la haría una fotógrafa que conozco y que trabaja muy bien: Lola. Terminamos comiendo en La Luli de Aguirre y Juan B. Justo, a la una de la madrugada después de discutir sobre literatura, revolución y política argentina, como suele suceder. Y por ahora descarté un título que era más bien pulp como "los perros mueren en el desierto". Veremos cómo sigue.

16 enero 2009

Jackson

Agarré la botella de whisky y tomé del pico. Media botella. No quería pensar más. Abrí el libro de Cheever y lo cerré. Me acosté en la cama y pensé en sacarle la batería al celular. Pensé en tirarlo por la ventana. Quise dormirme. Mañana será otro día, dije. Pensé. Cerré los ojos. Hubiera querido soñar con alguna canción de Michael Jackson pero se me apareció Jackson con la cara que tiene en el video de Thriller. El bailecito con los muertos vivos. La campera roja. El pantalón rojo. Las medias blancas.

13 enero 2009

El bosque

Estoy en el bosque. Solo. No hablo con nadie. Alrededor, dos mesas de ajedrez. En la primera, un hombre le enseña a jugar a su pareja. A mover las piezas. La chica no entiende. La chica mueve las piezas mal. El hombre se ríe. El wi fi anda en ralenti y escribo sin parar, catorce días sin escribir a máquina denotan la ansiedad por mover los dedos, por decir algo, cualquier cosa, y las letras, dos minutos después, aparecen. Estoy junto a una ventana que da a la calle. Más allá, una gorda en traje de baño, junto a la puerta de la pileta, llama a su hijo Ramiro. Ramiro emite gritos. No habla. Tiene tres años pero no habla. Mueve las manos. Con una madre así yo tampoco hablaría. Las hijas son idénticas a la madre. Insoportables. El padre hace fuego para tirar unas hamburguesas en la parrilla. Cierro el diario, el libro que estoy leyendo y miro en el paquete de cigarrillos el canuto preparado para esta noche. Quizás me pierda en el bar del bosque, en el que, según dicen, tocó Botafogo, cantó Calamaro, tocaron Las Pelotas con un Sokol que todavía no había muerto. Anoche en el bosque no había nadie. No había luz.
Ahora Esteban, el encargado del hotel, el pibe que está siempre con una sonrisa de empleado del mes, dice mi nombre. Dice el nombre de todos los huéspedes del hotel como si fuera un ejercicio de ingenio. Me mira. Sonrisa. Dice mi nombre. Le pido la llave de la habitación y me pregunta si todo anda bien. Asiento. Subo las escaleras, miro la hora, me desvisto y me acuesto en la cama. Está nublado. El ventilador hace ruido y me quedo mirando la monotonía de sus astas. Hay pulgas. Arena. La cortina es celeste y se mueve. No hay aire. Giro la cabeza y enciendo la luz. Son las doce. Me preparo para ir al bosque. Perderme desnudo en medio de los árboles. Junto al mar. Había soñado esta escena en alguna de estas catorce noches. Intento subir un médano y al hacerlo siento que alguien me sigue. Ramiro grita y mueve las manos. Empiezo a correr. Me persigue hasta la orilla. No habla y se mete al agua. Se mete hasta el fondo. Hasta donde no llego a ver.

26 diciembre 2008

Chicas bien

Popstear. De eso está hecho este blog. Somos todos pop star estreshados. Así me lo dijo una vez una amiga, de esas amigas chetas, divinas, que viven en un levité permanente, y tienen pisos en la avenida Alvear. No se contradice con mi condición proletaria, casi socialista, antisistema, o de una izquierda reflexiva como decíamos con Neuman. Para ellas -mis amigas de la avenida Alvear- debo ser como un personaje simpático. Ellas, chicas bien de familias disfuncionales, todas hippie chic de vinchas rosadas y remeritas de A.Y. Not Dead como las mías, me dicen que se acaban de casar y que están felices, que no tienen un mango pero le prestaron un departamento por la calle Posadas, dos años nada más y después arreglátelas, me dicen y yo les digo qué buena onda, por qué no tendré yo parientes o amigos que me presten un departamento durante dos años, lo necesario para trabajar 20 horas al día, lo mismo que trabajo siempre, para ahorrar y comprar algo chico, un monoambiente frente al mar, en cualquier parte. El mar está en todos lados. Imaginátelo. Eso. Me fui al mar dos días. Después vuelvo y me vuelvo a ir. Me gusta la ruta hasta la última ola.

18 diciembre 2008

Exterior. Noche

El martes hice la calle. Para alegría de muchas de mis groupies, me ubiqué en la vereda del Zas después de haber ingresado a ese antro de narradores y poetas y cantantes que no podían cantar y escapé sofocado con una botellita de fanta. Incluso me ofrecieron cerveza pero dije que ya no consumo más alcohol. Me hice abstemio como mi amigo que es espía para la Side y cada vez que sale con una chica se pide un licuado. No tomé alcohol en toda la noche a pesar de que lo ameritaba. Me encontré con Mairal que hablaba de sus traducciones amateurs de Shakespeare que un ignoto director de teatro utilizó en uno de sus talleres. Creo que era el monólogo inicial de Ricardo III que empieza así: Now. También me encontré con M. una de las chicas de autobombo y se quejó porque ya no comento más en su blog. Le dije que iba a escribir todo lo que hablamos esa noche para que no se quejara más. Después le prometí un libro de Marilyn Monroe. No sé a qué iba esto pero la idea es que de vez en cuando escriba algo. Que no esté bien escrito ni sea sumamente divertido sino más bien una escritura blog, de esas que les gusta a las chicas modernas, a mis groupies de siempre. Ahora me voy porque parece que empezaré a ser profesor de la facultad. Como Homero, cortaré los codos de mi único saco y le pondré pitucones.

16 diciembre 2008

Dicen que hoy hay fiesta


¿Qué tenés en la cabeza?
Cierre de ciclos literarios.
16 de diciembre, desde las 19 hs., el Centro Cultural ZAS (Moreno 2320)

07 diciembre 2008

Prats escucha


Dos temas en vivo de la banda islandesa Sigur ros. Ambos del último disco með suð í eyrum við spilum endalaust. Primero "við spilum endalaust" y en el segundo, "gobbledigook", junto a Bjork y por ahí también aparece un doppelgänger de Chitarroni vestido de blanco. Fijate.

04 diciembre 2008

Mensajes cruzados

Escribo en un mail: Nunca fui a City Hall. Nunca tuve adolescencia. Rimbaud había perdido su infancia en la poesía. Yo la perdí con otras cosas que no valieron la pena ni quedarán en la historia pero también la perdí y la sigo perdiendo. Y encima no soy Rimbaud.
Leo lo que escribo y me llaman por teléfono. Me dicen: "Bueno, hay que superar las etapas".

01 diciembre 2008

El universo

Son las dos de la mañana y sigo esperando el 168. Hace frío. Las calles tienen el tempo de la nueva novela de Murakami, personajes sonámbulos que andan por la ciudad: leen en algún café, dejan el celular en un supermercado, ensayan con sus banditas de rock o atienden un hotel alojamiento. Se me ocurre que ahora vendrá un chino en "motocicleta", me hablará en chino y yo no le entenderé nada. Pero por la cara me insulta. Le digo: "momentito, usted a mí no me insulta", pero no me entiende. Se saca el casco y efectivamente es un chino. Me doy cuenta por sus facciones. No es japonés, es chino. Habla en chino.
- No le entiendo - digo.
Y cuando el semáforo se pone en verde, se deja el casco en el antebrazo y arranca.
Me apoyo contra la parada del colectivo. Ya no llueve. Dos hombres fuman sentados en la entrada de un edificio. Una mina sale de una casa de dos pisos de enfrente. Cruza la calle con las manos en los bolsillos de su jean y los saluda. Beso, beso y chau. La mina se va. La veo irse. Le quiero ver la cara pero las sombras no me dejan. Al rato un tipo camina por medio de la calle. En la otra cuadra, un patrullero. El flaco sigue por el medio de la calle y el patrullero, a veinte, como que le enfila. Las luces azules dan vueltas. El tipo parece enfrentarse a las luces y a los policías cómodos en sus asientos. Como el chico frente a los tanques de Tiananmen Square. Pero cuando está en frente, sube a la vereda y se aleja. El patrullero sigue, cruza la calle a veinte. Los dos que fuman se levantan y llegan hasta un árbol con la tierra llena de agua verde. Aceite. Aunque está oscuro puedo saber que el agua es verde y que era aceite. Uno de los dos que fuman se agacha frente al árbol. Antes no había visto pero ahí hay una bolsa. El tipo la abre. Ahora se acerca el otro y se quedan mirando un rato la bolsa desplegada. Pienso que debe ser merca. Pienso en la mina que los saludó y siguió caminando. Miro hacia la casa que está enfrente. Pienso en cocinas de merca. Pienso en el lugar: el Once debe estar regado de cocinas ilegales de merca. Pienso en empezar una investigación. La policía debe estar arreglada, incluso deben pasar a veinte para controlar que no anden merodeadores por la zona, que nadie se avive, que todos sigan como si nada, como el pibe que caminaba por el medio de la calle silbando un tema de Roxette: Dangerous. Son las dos y media. El 168 llega y está repleto. El chofer no me abre la puerta de adelante sino la del medio. No pago: una buena. Me acumulo en el medio sin agarrarme de nadie. Adolescentes con botellas de gaseosa y fernet o algo peor. O mejor, quién sabe y para qué prejuzgar. Cantan cumbia: uno abre su celular y empieza la percusión. Se gritan de un lado a otro del colectivo. ¿Es sábado y la gente sale? ¿O es domingo y al día siguiente feriado? Pienso en el día internacional de la lucha contra el sida. Nadie daría asueto por el sida. Ni siquiera un gobierno pseudo progre como este. Miro mi cintita roja. Intento agarrarme de algún lado. Una gordita simpática me mira. Voy para otro lado, pienso. Los chicos se gritan y en cada cuadra, el chofer recluta nuevos pasajeros que le gritan que es un capo porque no tienen que pagar y se guardan el peso para la birra. Llega un grupo de chicas. Dos de ellas se besan. Los chicos miran. Los chicos hablan de conseguir algo de keto para levantar y seguir chupando. Me acuerdo de otras épocas. Pienso que todos estos deben ir a Amérika, que no es un boliche kafkiano o sí. Pero pasamos Gascón y Córdoba y ellos siguen. La gordita se levanta y tiene cinco amigos que la siguen. Dice que es acá, que acá nos tenemos que bajar y se baja. Los chicos de la keto (dicen keto y no keta, como hablaría yo de la ketamina) se pasan. Entonces descubro hacia donde van todos. Siempre creía que ese lugar era uno de esos patéticos salones de fiestas de quince. Y lo es. Se llama El Universo.

27 noviembre 2008

Diez minutos

Escribo en diez minutos. En el tiempo en que cocino unos fideos rápidos, sin aceite, con un caldito knorr en la cacerola, un puré de tomate guardado semanas atrás en la heladera, en un tupper de plástico, en el que desconfío pero intento convencerme de que el fuego quema todas las bacterias y lo meto en un recipiente y al fuego, diez minutos para escribir un texto cualquiera que pueda publicarse en el blog, meditado, eso sí, durante un viaje un colectivo en el que dos chicos hablaban de sus relaciones telefónicas con chicas que conocieron en Call TV. Los miro. Me dan lástima. Quizás yo les doy lástima a ellos pero al menos no mantengo relaciones sexuales o sociales con un teléfono. Uno le dice al otro cómo hacer para que los mensajes que te llegan no te coman todo el crédito de la tarjeta. Los miro y me dan lástima. En diez minutos escribo este texto. Los dedos aprietan teclas que no deberían, e intento una disciplina: cero error. Apretar sólo las teclas que corresponden a las letras que quiero escribir, formar sólo las palabras que quiero decir, transcribir los pensamientos de mi cabeza a los dedos llenos de olor a cebolla porque a la salsa le agregué una cebolla que estaba perdida al fondo de un cajón, derritiéndose como hacen las cebollas, una cebolla enorme que compré dos meses atrás en el Plaza Vea y que ahora pico con el enorme cuchillo herrumbrado al tiempo que pienso que el fuego quema todas las bacterias, quema todo lo que puede tener de putrefacto esta cebolla que ahora se huele en los dedos, en las teclas, en las palabras que transcribo de mi cabeza a la pantalla sólo en diez minutos.

24 noviembre 2008

síntomas

Parece no tener que hacer en la vida más que escribir. Vivir para escribir. No es el resultado de un contrato, como efectivamente podría ser, ya que ha habido algún ofrecimiento rechazado. Es el fruto de una decisión vital fuera de época. Una consagración laica o hasta profana pero profundamente espiritual. La escritura, dice esta nota, es un síntoma y no un ejercicio diplomado.

18 noviembre 2008

guerrilla

El viernes llegué a casa a las dos de la mañana. Me había quedado con Fuguet hablando sobre Arcade Fire y Andrés Caicedo en un restaurante. Que la madre de Caicedo le había abierto una cuenta en una farmacia, para que Andrés pudiera sacar fiado cuantos remedios y drogas quisiera. Así lo trataba de ayudar. Cuando salí, se levantó viento y empezó a llover. Dos chicas empezaron a correr como se empieza a correr con las lluvias imprevisibles. Las cortinas de chapa de la parrilla de Aldo estaban bajas. Me abrió Miguel y subí por la escalera hasta mi cuarto. Sonó el teléfono y atendí. Era Gus de Ultrapop para decirme que iban a hacer lo que habían preparado. A pesar de la lluvia, dijo, van a salir con un par de autos. Me preguntó si me sumaba y le dije que a las tres podría estar en el bar. El colectivo tardó un rato. Me dormí sentado en la vereda. Al tiempo que cabeceaba abrí los ojos y lo vi al colectivo. Una vieja con bolsas de supermercado subía con dificultad las escaleras. Llegué al bar diez minutos después de las tres. Gus estaba en la puerta junto a Yumber Vera Rojas. Hablaba con unas suecas. Les dije que la diferencia entre las suecas y las noruegas era que estas últimas siempre eran un poco más morochas. De pelo negro azabache. Yumber asentía. Se lo escuché repetir a un amigo que llegó después. Gus me dijo que bajara al subsuelo: estaban todos. Entré al bar con un tema de los Strokes. Bajé las escaleras y había cinco bolsas de consorcio enormes, negras, unas chicas fumando tiradas en el piso, dos poetas con pinta de heavy metal. Gus parecía ser el Wellington del que habla Roncagliolo en Jet Lag. Pero sin traje blanco ni la guita. Tiene pelo largo, camina encorvado. Levantó el balde de pegamento. Sacó una faja de clausurado de una carpeta marrón con el sticker de Ultrapop. Me dio el cartel. Al encenderse una cámara, me dijeron, como si me apuntaran con un arma, que dijera mi nombre y por qué lo hago. Con el objetivo rojo en mi frente, dije: soy Prats y lo hago por el ultraísmo.

12 noviembre 2008

Shhh

No sé qué es un blog. Escribo. Hablo solo. Hablo dormido. Me despierto y digo incoherencias. O creo que me despierto y digo incoherencias. O creo que me duermo y, despierto, no dejo de decir incoherencias. Me despierto con un grito. Y alguien me dice que estoy dormido. Me despierto y trato de explicar que el problema es una pelota que tenía en la mano y ya no está. Pero me dicen que estoy dormido, que debería descansar, estás muy contracturado, me dicen y pienso que la noche es la noche de Polidori, Byron y Shelley en Villa Diodati. Se propone un juego. Un desafío. Alguien escribe. Como si fuera una película de Greenaway se derriten víboras en las paredes. Hay un vampiro. Una ventana se cierra: ¡paf! Salto. Grito. Estoy dormido o despierto. Dormido digo que yo cierro la ventana. Abro la ventana, pienso en que me mirarán los de la casa ocupada de enfrente, gritarán algo o me invitarán a bailar cumbia. Tardo en cerrar la ventana. No cierra. No encuentro la gomita que la cierra. Estoy dormido. Tengo calor. Tengo una contractura que traza un dolor constante desde la base del cuello hasta la cintura. Grito. Pero estoy dormido. Me dicen que deje de gritar, pienso en que debería dejar de gritar, sueño que debería despertarme y bajar, rogar que la puerta de calle esté abierta porque no tengo llave de ningún lado. Me quedo en la escalera. Pienso. Leo. Me quedo dormido.

10 noviembre 2008

Virus

Son las nueve de la mañana y salgo rumbo al service que me recomendaron para ver por qué no arranca el sistema operativo de mi computadora. Me subo al 39, hago equilibrio con la computadora en la mano y llego hasta el local frente a la casa de mi hermano. Ni bien me ve entrar, el tipo (otra copia idéntica de Alejandro Kuropatwa) me pregunta qué pasó, por qué traigo la máquina. Le cuento. Está muerta, digo. Me dice que mire hacia la oficina: diez computadoras sobre unos escritorios de madera. Hace mucho que no veía algo así, dice el hombre. Alguien abrió una puerta y dejó salir la maldición, sigue. El tipo como si estuvieramos en una película de terror. Como si algo en el mundo anduviera mal. Y un poco paranoico me puse.

05 noviembre 2008

Teatro Proletario de Cámara

El libro está sobre una mesa del Centro Cultural de España en Buenos Aires (la sede para aristócratas de Paraná y Santa Fe -yo vivía a una cuadra pero lo aristócrata en mí sólo surgía cuando iba a desayunar a Josephine's, el café de un suizo ubicado en Parera y Guido). Nadie lo toca. Parece una Biblia. La palabra revelada. Llego y les pregunto a los que lo venden si puedo agarrarlo. Me dicen que sí. La tapa es de cuerina, el borde de las páginas, bordó. Abro el libro y lo primero que aparece es una página de revista porno barata, a tres por cincuenta en Corrientes, de los años ochenta. Es la edición facsímilar del Teatro Proletario de Cámara, la última obra de Osvaldo Lamborghini. Cuando Sudamericana editó en su momento las obras completas del autor de El fiord desechó esta, en la que había trabajado desde los ochenta. Muy complicada de editar, además de arriesgado. Páginas de revistas porno, manuscritos casi ilegibles, fragmentos de poemas, poemas, una foto de Perón junto a Isabel donde, en marcador negro, se lee: "Isabel, la caótica". Puro Lamborghini. Sólo trescientos ejemplares numerados a 120 euros cada uno. Me fijo en la billtera y sólo tengo cincuenta pesos cash. Consulto si aceptan tarjeta y me dicen que no, pero lo puedo llamar al editor español (el nombre de pila es Anxo) a su celular y pedirle que me venda uno. Hago cuentas. Pago el alquiler o compro un libro-objeto ilegible. En la calle, hablando con Tirri, lo saludo a Aira que está fumando. No sé si preguntarle si debo o no comprarlo. Por eso le digo que el precio está imposible. Aira no me mira pero se ríe. Le digo que Anxo debería llevar encima una maquinita para pasar la tarjeta de crédito así, al menos, lo podemos comprar en cuotas. Se ríe, no me mira. Noto que Aira nunca mira a los ojos. O mira para arriba o para abajo. Se ríe. Es un tipo agradable pero no quiero abrumarlo. Le preguntaría tantas cosas que no se me ocurre ninguna así que hablamos de Obama (en un momento dice que le dejó de interesar esta elección), hablamos del clima (¿lloverá?), un conocido le comenta que la hija de Rafael Squirru está por sacar un libro sobre el padre. Le interesa. Aira tiene una remera gris con dibujos rosas. Yo era una chica moderna. Tiene un libro en la mano, un libraco importante pero no puedo ver el título. Para la presentación de esta edición preparó un texto pero dice que no va a leerlo, cada vez que termina algún texto sobre Osvaldo, a los diez minutos vuelve a leerlo y lo corrige, lo deshace y vuelve a intentar una nueva explicación de su literatura. Siempre, dice, encuentra cosas nuevas.

04 noviembre 2008

Tapa de nalga

Son las siete y media de la mañana de un martes y suena el despertador, se enciende la radio. Me levanto, me lavo la cara y los dientes, me pongo un bermudas y el delantal de cocina que me regaló la gente de History Channel y ahí estoy, como viejita catamarqueña que no tiene nada más que hacer de sus días mas que cocinar. No es que estoy con hambre. Anoche cené a las doce y media de la noche y unos buenos fideos Don Vicente con salsa de tomate. Como la noche anterior. Lo que pasa es que el sábado había comprado carne en el supermercado y algunas verduras y la carne tenía como fecha de vencimiento el 5 de noviembre. El olorcito de la cebolla de verdeo se eleva a las siete cincuenta; la carne se cocina a las ocho y veinte. Después de cortarla. Nueve menos diez ya estoy listo para empezar a trabajar, resuelto el almuerzo y, si es posible, también la cena. No está mal cocinar tan temprano. Mientras me quito el delantal, no sé por qué, recuerdo la conversación que escuché anoche, mientras caminaba por Dorrego hasta Atlanta. Dos chicos que trabajan de tiracables en Telefé caminaban detrás mío. Se quejaban de las veces que los dejan solos desarmando todo. Que nunca les mandan ayudantes ni nada de eso. Pero en un momento uno, creo que después de que pasó caminando una mina muy linda, se acordó de una compañera que tenía en la escuela secundaria. Dice que tenía un culo tan grande que cuando bailaba, la mina tenía la capacidad de aplaudir con las nalgas. El otro chico se empezó a reír. Te lo juro, decía el otro: en un momento escuchabas a alguien aplaudir y era esta mina. ¿Y lo hacía en el boliche?, preguntó. A veces, pero siempre se lo pedíamos y lo hacía para nosotros en las reuniones.

31 octubre 2008

Pasillos

En un libro de Alvaro Bisama que una joven poeta acaba de regalarme el autor recuerda cuando le preguntaron a Anderson qué sentido tenía la lluvia de ranas al final de su película Magnolia. Anderson respondió que sencillamente era una idea fortiana: la anotación de un suceso inverosímil que irrumpía en un mundo verosímil con la fuerza de una epifanía cuyo sentido era tan luminoso como la tinta invisible. Las ranas podían ser una plaga pero también un milagro, una curva en las leyes de la narración, la fuerza centrípeda que desordena todo el relato y le ofrece algo de delirio. Leo el fragmento y esa idea en el subte D, mientras la vieja a mi lado sacude el codo frente a mis ojos. En el pasillo que conecta la línea D con la C, un hombre con la voz ronca canta a capella “El amor es más fuerte” de Ulises Butrón y sostiene con su mano una gorra sin billetes. “Pueden robarte el corazón/ cagarte a tiros en Morón”. Si te cagan a tiros en Morón, pienso, estás muerto. No hay vuelta. Me gustaría gritarle eso, pero me alejo empujado por esa respuesta a una canción pelotuda.

22 octubre 2008

Gorro de lana con lista de temas

Esta es la lista de temas que tocó Cocorosie el jueves pasado, en el evento que organizó Martini en sus Red Passion City, en el Teatro Margarita Xirgu. ¿La ves? Es una de las hermanas Cassady. Gorro de lana con lista de temas, maquinita de sonidos, loops que por momentos sumaban pero casi siempre estaban de más. Llegué a las nueve y recién habían abierto las puertas. Acababa de empezar el cóctel pero como no voy ni por la comida ni por la bebida sino por la música, me fui a un bar de San Telmo, a cenar. Leía un libro sobre la Generación Global que editó recientemente Paidós. Un libro de bolsillo. Los que me gusta llevar cuando salgo de noche y no quiero llevar bolso. El edificio del Xirgu estaba teñido de rojo, el plantel de Club 69, ataviados de cabaret, te recibían con plumas coloradas y una imitación de Pachano, bigotito a lo John Waters, bastón a lo Sarmiento, saludaba con una reverencia y te invitaba a pasar. Los mismos de siempre con los bocaditos de paté en una mano, brochette de carne en la otra, en la misma que sostiene un vaso largo de Martini con agua tónica. Por ahí anda Cerati. Deborah del Corral. Un actor que bailaba en la tribuna de Repetto. ¿O actuaba en el programa? No me acuerdo. Creo que era el coreógrafo o algo así. Estaba él y no importa. Estaba Esmeralda Mitre (creo), Roxana Harris (seguro) y varias modelos que conozco bien aunque nunca supe sus nombres (será porque no importan demasiado). Empecé a dar vueltas. Me ofrecían bandejas y no aceptaba. Me gusta el punto en que los/as mozos/as saben que no les aceptarás nada y hay un guiño de complicidad. Ni siquiera te preguntan y te saca un peso, ya no hay que hablar, no hay que agradecer, pasan al lado tuyo y no interfieren ni en la mirada ni en el paso. Son fantasmas. Viene una bandeja de gaseosa y no acepto. Tomo un vaso de Martini con agua tónica para probarlo. No me interesa. Me encuentro con Lloyds, me lo encuentro siempre: sea en Los Mudos, en el Pachamama o en alguna inauguración de Malba. Es el rubio que se agarra los afiches de Félix González Torres y se los regala a la chica con la que está saliendo. Pasamos el tiempo. Una serie de performances de la troupe Club 69 baila temas de Madonna o Donna Summer. Hasta que llegan las Cocorosie. Como suele ocurrir, los eventeros, las modelos, Cerati, los insoportables con el palito de brochete en la mano derecha, vacío, no dejan de hablar. Ni siquiera cuando Carlos, un amigo de las hermanas Cassady (según se dice uno de los Doma, pero no recuerdo que haya un Carlos en el grupo) salta y baila y filma con una cámara. Una máscara le cubre el rostro. Después quiere hacer el mosh. Quiere saltar hacia el público y sentirse en una ola de manos que le haga un recorrido por todo el lugar. Solidaridad rockera, se dice. Carlos no tiene en cuenta que los asistentes a este evento vinieron a comer, beber, hacer sociales y no dejar de hablar. No quieren escuchar nada sólo boludeces. Por eso Carlos pega un salto hacia el público, las manos extendidas, y cae derecho al piso. Se escucha el golpe seco, la máscara contra el suelo. Los ojos de los asistentes se cierran y sienten lástima.

21 octubre 2008

Dobles

Anoché cené tarde en la cantina de Aldo. Me senté afuera con un libro de Dino Buzzati y en frente se armaron una mesa los dobles de Alejandro Tantanián, Liliana Heker, Juan Sasturain y el cuarto era una copia defectuosa de Alejandro Kuropatwa. Me lo imaginé sacando la lengua y mostrando una de las pastillas rosas contra el sida. En realidad sacaba la lengua y servía con desprecio la cerveza. No sabía nada porque prefirío la Isenbeck ("es mejor", dijo con cara de yo-de-esto-sé) antes que la Warsteiner. No tengo ganas de chequear el nombre de la cerveza así que va así como me viene a la cabeza. Los dobles eran arquitectos. Y hablaron mal de gente de la arquitectura. Hablaron mal de un Julio, profesor en la carrera, porque era tartamudo, y Tantanián dijo que una clase de él era un parto, lo que tenía que durar una hora y media duraba dos horas y media. "Un parto", dijo antes de convencer a Heker y a Kuropatwa que lo acompañen con una parrillada. Ahí me saqué porque no estoy de acuerdo de pedir parrilladas en las parrillas. Te meten las sobras. Kuropatwa pidió una morcilla más en la parrillada (chistes malos, afuera) y Sasturain, flamante director de una carrera o un máster o algo así, pidió una suprema de pollo. Sasturain también tenía cara de abuelo de Heidi, pero más gordo. Y hablaba bajo. Tenía más autoridad que Kuropatwa y que Tantanián. Heker era una boluda que se quería coger a alguno, seguro, porque no paraba de reírse. Los arquitectos también hablaron mal de los alumnos. Sol Lobato, hablaron mal de vos. Dijeron que no podés hacer una línea recta. Sasturain se quejaba de que no saben hacer viviendas. "¿Cómo puede ser que sepan construir museos, shoppings, edificios de oficinas y cuando se les pide hacer una vivienda hacen laberintos? ¿Por qué, para pasar del living a las habitaciones se tiene que salir al patio?" Sasturain estaba indignado.

29 septiembre 2008

La familia, los rockeros y la pareja en separación

Lunes a la noche, ceno solo en Rondinella. No es como en el diario íntimo de Bioy Casares que dice "cena en casa Borges". Yo ceno solo. O más bien acompañado por las mesas que me rodean. Los escucho atentos, aunque ellos no lo sepan, aunque al mirar hacia mi mesa vean a un pibe ensimismado en sus papeles y en un libro que de vez en cuando cierra para servirse un vaso de soda. Mesa uno, al costado izquierdo. En la misma que estaban las tres chicas sex and the city de la semana anterior, ahora hay una pareja (14 años juntos), pinta bajón. Él, camisa blanca (acaba de llegar del trabajo), saco gris oscuro en el respaldo de la silla de al lado, se acerca para escucharla a la mujer que llora y que le dice que él no es feliz porque no se compromete con nada. Nunca se comprometió y todo en su vida fue siempre superficial: con los amigos, con el trabajo, incluso con los deportes y con ella misma, "estuvimos catorce años equivocados", le tira la mina que parece tener razón porque el tipo ni se inmuta. Y, como si se despertara recién diez minutos después de que la mina esté llorando, el sujeto empieza a discutir con ella porque dice que él sí se compromete, él sí quería que las cosas mejoraran. Se acercan. Hablan más despacio; Chiche, el mozo que es un calco del uruguayo Jaime Roos, le trae a él un café y aunque los interrumpe ellos no dejan de discutir y en un momento el hombre lanza: "lo único que te digo es que tengas cuidado con las nenas". Me pregunto si así volverán a la casa, si seguirán juntos, si arreglarán las cosas en la vereda antes de entrar al edificio. Piden la cuenta, la traen, pagan y se van. Mesa dos, adelante. Una familia aguarda que lleguen el hermano y el amigo. Acaba de llegar Padre. Antes estaban Madre, el hermano Menor (menos de veinticinco), Rosario y el novio, que están por casarse y están buscando departamento (hoy vieron uno precioso en Palermo, bien cerca del zoo pero Rosario duda porque le dijeron que en verano hay olor; a qué nivel, pregunta, pero el hermano menor le dice que hay olor pero te acostumbrás, que no es lo mismo que vivir junto a un basural). Y no, indudable. Entonces llega Padre, que se quita el saco y lo cuelga en el respaldo de la silla. Camisa blanca, pinta de buena onda, empieza a pedir una provoleta y le pregunta a los chicos cómo les fue en la búsqueda de departamento. El novio, no sé si el apodo es Chapa o Chagas, porque el hermano menor no modula, dice que les fue bárbaro y cuenta todo lo que Rosario contó antes. Salvo por los detalles en las paredes y la disposición de los ambientes. Chagas (me gusta el apodo y pienso en ponérselo a alguno de mis personajes: Chagas) habla de guita. Padre dice que cuando se decidan (no hay que apurarse, siempre hay alguien que necesita la guita al toque y se puede empezar a negociar, dice) le dejan la negociación. Padre tiene una inmobiliaria. Seguro. Rosario atiende su celular y es su amiga Omi, que le pregunta cómo está. Resulta que Ro, como le decimos los que le tenemos confianza, estaba mal de salud, una estupidez, pero tenía que terminar de hacerse estudios. Después le cuenta a Omi todos los detalles de cada uno de los cinco departamentos que vio durante el fin de semana y le dice que a Canadá. Pienso en la coincidencia porque yo también viajo pasado mañana a Canadá. No creo que viaje con ella como acompañante de asiento ya que siempre me toca con una vieja con olor a naftalina, una gorda insoportable o un tipo con su mujer, siempre arriba de los sesenta, que me pelea por la posición estratégica del codo en el apoyabrazos. Al rato llega el hermano mayor (que pidió por teléfono un cerdo a la naranja para sorpresa de todos) con la novia. O no, es un amigo, algo así como un híbrido entre Jagger y Richard Ashcroft. Sacón largo, estrecho en la cintura, pelo largo. Se me ocurre que los hermanos de Rosario + el amigo Jaggshcroft forman una banda de brit pop de cabotaje o algo similar a los Kings of Lion o tal vez son una imitación from Balvanera de los Jonas Brothers. Llegan las dos ensaladas verdes, el pollo a la parrilla para Ro, los bifes de chorizo para los demás. Comen. Al hermano menor le gustó la última película de Adam Sandler. Hermano mayor no lo escucha, pero cuando Hermano mayor habla, el menor dice qué quién cuándo y el padre, que está en el medio de los dos, le dice: boludo, cada vez que te hablo no me das ni cinco de pelota y cuando este dice una pelotudez te morís por saber qué pasa. El padre es buena onda y lo dice así. Me acuerdo cada línea. Más adelante, una mesa de amigos dicen que pusieron un aviso buscando a un rugbier diseñador gráfico. Se ríen. Deben ser diseñadores porque saben que esa combinación es medio difícil. Al volver a casa, llueve. En la cuadra de mi edificio estaciona un auto y bajan dos hombres. Policias de civil porque se les escuchan las radios cambio y fuera. Miran hacia los techos de la casa abandonada que está junto a la mía. Donde por las noches los gatos pelean contra fantasmas.

22 septiembre 2008

metro cuadrado

Domingo, cuatro de la tarde. Termino de ver el partido de Nalbandian en la casa paterna y acaba de empezar el quinto punto definitorio, pero prefiero irme, caminar un rato, pensar más de lo que se recomienda. Mala decisión la de caminar un rato porque elijo llegar hasta el Museo de Bellas Artes sin tener en cuenta que es domingo, y que es 21 de septiembre, y que la feria de Plaza Francia es un cuello de botella insoportable, con adolescentes que se abrazan y se besan y se pasan temas de celular a celular y cantan canciones de amor con guitarras criollas y bufandas estilo Arafat en el cuello. Basta. Empiezo a caminar más rápido y llego hasta el Museo de Arte Decorativo, ingreso por el estacionamiento, donde están las mesas de un cafecito muy simpático. Pero no me siento. Me dan alergia las viejas pitucas. Llego hasta el Museo Evita. Alguna vez me habían dicho que el restaurant era muy bueno así que me quedo en el patio, tranquilo, poca gente, sin música, tranquilidad para poder leer un buen libro. Me ubico junto a dos chicas, una más grande que la otra. Una, la más grande, es mexicana. No sé si es dueña de un hotel o canta en algunos hoteles porque habla de la vez que cantó en uno de Playa del Carmen. Pienso que si es la dueña puede hacer lo que quiera, total el hotel es de ella. Debe tener plata. Se mantiene bien, incluso se hizo un par de lipoaspiraciones y va al gimnasio tres veces por semana. Se nota. En cuanto me siento le pregunta a su amiga (son amigas, sin duda, o primas, no sé, o tal vez ella, dueña de un hotel, la tiene como gerenta de relaciones públicas a la chica argentina, poco más o menos treinta años, anteojos negros, no parece linda pero tampoco es horrible, al menos tiene un toque de onda) cómo puede ser que las Aleph Residences de Faena puedan costar seis mil dólares el metro cuadrado.
- Hijo de una reverenda chingada - dice la mexicana, que no puede creer cómo son tan caras. Yo también leí esa mañana la nota en el diario: seis mil dólares el metro cuadrado. Hijo de la chingada. Me gusta esa expresión. La mexicana dice que un departamento en Nueva York, en plena Quinta Avenida, cuesta siete mil dólares el metro cuadrado. Me gustaría agradecerle el dato: siempre quise saber cuánto costaba un dos ambientes en NY. Me gustaría contarle que yo viví dos años arriba de la Quinta Avenida, pero la pendeja argentina le diría, sonriendo, que esa es una galeria que está muy cerca de Retiro. Igual no le digo nada y sigo escuchando, mientras la mexicana comenta sobre las medialunas que acabo de pedirme. Incluso antes de pedir la cuenta se piden un par de cafés americanos, ella, la mexicana, la hija de la chingada, se pide una medialuna sólo para probar, porque la tenté. La mexicana después cuenta sobre su departamento ubicado en la zona más cara del DF: cuesta doscientos cincuenta mil dólares. Y encima quiere comprar otro en Buenos Aires, pero antes quiere ver dónde invertir. Entonces pienso que la argentina, arquitecta de más o menos treinta años, es su asesora en asuntos inmobiliarios. También hablan de Víctor, el novio de la mexicana que trabaja demasiado y va de un lado a otro del DF a Cancún, y vuelve a verla por el fin de semana, incluso la semana que viene estará en Buenos Aires porque la extraña. La argentina le cuenta de un biólogo que conoció hace un par de noches en una fiesta. El biólogo le empezó a hablar de la evolución del ser humano y la argentina, arquitecta, le quiso cambiar de tema. No pudo. Pero le divirtió cómo el biólogo le fundamentaba sus teorías, así que por ahora se olvida del pibe con el que está saliendo, que al final no se decide si avanza o no, pero que el lunes, cuando cenaron con la mexicana (deben ser primas, capaz), el pibe de la argentina estuvo de lo más bien. Tal vez pensaba en las vacaciones que podría tomarse en el departamento de la hija de la chingada de tres mil dólares el metro cuadrado. Se me ocurre. Mi gira sigue hoy lunes, en Rondinella (espero que conozcan esta cantina de Alvarez Thomas y Dorrego, ya me siento Vidal Buzzi) y ocupo la mesa junto a un grupo de tres mujeres (las tres casadas, efervescencia sex and the city), que arañan los cuarenta. Una se queja porque a la suegra le llegó un primo de Estados Unidos y le regaló veinte mil dólares para que se mude a un departamento más grande.
- Lo tuyo es envidia - le dijo la guacha que tenía enfrente.
- No, lo mío es bronca.
- Ni siquiera es bronca. - le dijo la tercera- Lo tuyo es odio.
Y el marido que le quiere pedir prestados siete mil dólares a la madre para cambiar los muebles de la casa.
- Yo ni pienso gastar plata en cambiar muebles - le respondió ella.
Parece que el marido se le ofendió.
No sé. Mientras las bolsas del mundo se derrumban y los chinos están a punto de comprar todos los bancos estadounidenses, paso las páginas de mi libro. Sigo en Chacarita. En un dos ambientes (de mucho menos de seis mil dólares el metro cuadrado) y le enciendo velas a Mao, a Yuya y a la planta ya muerta que me regaló Aquiles.

02 septiembre 2008

La planta


Cuando llegué a mi habitación me senté frente a la máquina de escribir y empecé a tirar líneas. Cualquier cosa. Se me ocurrió la historia de una parejita que duerme en un rancho en medio de La Pampa. Se escapan de alguien. O alguien los persigue. Mientras hacía escritura automática y ensayaba estéticas que iban de Tarantino a Lynch giraba la cabeza y veía la planta de marihuana que me había regalado Aquiles hacía dos semanas frente a las vías del tren blanco. No sobrevivió a los días nublados. Las hojitas verdes y chamuscadas me daban tristeza. Tenés que tener cuidado porque son frágiles, me dijo Aquiles que no es ni dealer ni amigo sino jardinero y además buena onda. Que había plantado veinte semillas y habían despuntado todas, explicó. Así que ahora se dedicaba a regalar plantas en vasitos de plástico. El mío era (o es porque todavía lo tengo) amarillo. Miro la planta y la extraño. Pienso en hacerle el amor. En besarla, pero no sé si con eso se despertará, si podrá resucitar. En la ventana de esta habitación no recibe sol sino humo de la cantina, y los maullidos desesperados de un gato que no me deja dormir a la noche.

Entonces escribo. Una pareja en una habitación. Son perseguidos y tienen una plantita de marihuana que se les muere. Pienso en sexo, drogas y cumbia villera, pero me sale cualquier cosa. Es difícil el límite, le digo a Iván cuando me lo cruzo en un recital de Bicicletas. Cosas que se pasan de trash, le digo pero él, remera con letras flúo, me dice que no me preocupe: vos trasheá, tirá puntas, después nos juntamos y reciclamos en el diálogo, a lo manliba.

30 agosto 2008

La historia comienza

El viernes almorcé con Iván, mi dealer, en la cantina de Aldo, y me comentó que estaba interesado en que yo escribiese una novela de género. Una novela de acción, dijo, barata, fácil de leer, como aquellas que editaba Bruguera en los años ochenta. Pero además quería que estuviese bien escrita. Le pregunté cuánto iba a pagarme y me dijo que eso lo podíamos hablar en cuanto tuviera algunas páginas. Quizás podía ser en especias, dijo y acepté. Iván, además de dealer, tiene una editorial independiente. Y además de dealer y editor independiente trabaja como guionista de MTV. Iván tiene una teoría y es que Michael Jackson se hizo blanco porque sólo los blancos pueden triunfar en el mundo de la música pop. Michael Jackson quería ser popular, quería vender millones y por eso pasó del negro al blanco, dijo Iván, mientras comía milanesa con papas fritas. Le dije que podía ser así y enseguida me dio un ejemplo: en los libros de historia del rock siempre en la tapa aparecen o Los Beatles o los Rolling Stones o Elvis Presley. Es el racismo del rock.

23 agosto 2008

Pachanga

Todo estaba innovado cuando aparecimos. No fue difícil, entonces, averiguar que nuestra misión era no retroceder por el camino hollado, jamás evitar un reto, que nuestra actividad, como la de las hormigas, llegara a minar cada uno de los cimientos de esta sociedad, hasta los cimientos que recién excavan los que hablan de construir una sociedad nueva sobre las ruinas que nosotros dejamos.

(¡Que viva la música!, Andrés Caicedo. Se presenta el miércoles 27 de agosto en la Librería Fedro.)

19 agosto 2008

Destino

Me acabo de encontrar con mi destino en una plaza de Constitución. Caminaba, los ojos en el suelo, pensativo, como siempre, y me encontré un naipe boca abajo. Sucio, viejo, roto en una de las puntas. Estaba ahí perdido. Alrededor no había otros naipes. No era parte de un mazo que se le cayó a alguien o que voló de algún departamento o de alguna habitación de un hotel de pasajeros. Estaba solo. Me dije que si lo daba vuelta y la carta era un cuatro de copas, por ejemplo, mi vida de ahí en más sería una mierda. Me parecía un buen desafío. Como Maverick en el barco, una carta podía cambiarme la vida. Me jugaba todo. Entonces me arrodillé y la di vuelta. Mi destino es un as de oro.

16 agosto 2008

electrificado

Hay un texto que dice:
"que la vida siga siendo tu taller de poesía
& ojalá electrifiques la energía de tu tormenta interior"

Me gustó.

31 julio 2008

Filman Tokio blues

El director franco-vietnamita Tran Anh Hung dirigirá la versión cinematográfica de la novela Tokio Blues (Norwegian Wood), de Haruki Murakami. El rodaje parece que empezará dentro de dos meses, con el fin de que la película sea distribuida en las salas de cine en 2010. (+)

30 julio 2008

Reina

En la foto de al lado, la inscripción que tiene la chica en la campera de cuero, dice: God Save The Queen y de fondo, se ven un montón de imágenes de Kate Moss en diferentes etapas de su vida.

29 julio 2008

Domínguez

Domínguez camina por el gimnasio, mira a unos tipos que le pegan a la bolsa y les dice que así no se hace. Se detiene y, los brazos en jarra, dice:
- Sí, en un año te subís a un ring.

28 julio 2008

5 lentos

5.



4.




3.



2.



1.

God dj

Me junto a desayunar con Max en M. Hablamos de la fiesta que organizó, junto a un amigo que tiene un corralón, en un convento franciscano. Llevé a mi primo, me encontré con Lola Arias, Ulises Conti, Mkt, Cristian Alarcón. Me encontré con Black, con las chicas de El Teje, con María B. Le digo a Max que había gente indignada porque hacer una fiesta en esos claustros centenarios era una falta de respeto. Es que tampoco iba a ser una fiesta así. Se les fue de las manos. Y me dice que no estaba todo tan pensado. Nadie se fijó que las luces rojas iluminaban un crucifijo enorme colgado atrás del dj.

21 julio 2008

Prats escucha



Alguna noche de estas prometo organizar una fiesta en la que se escuche The Polyphonic Spree. Se van a tirar globos blancos y todo.


18 julio 2008

Oyola, a los tiros

"Hace rato tenía la idea de usar una canción concreta y cada verso de la canción fuera el título de un capítulo. Y ahí me di cuenta de que me divertían mucho las canciones de Bon Jovi, que por lo general son de despecho: la mina que te cagó, la mina que dejaste. En Chamamé pensaba que desde el punto de vista del narrador, del Perro, la letra cobraba otro sentido. Ese mismo reproche hacía un tipo que no lo quería. Es humanizarlo un poco, puede ser muy poronga, pero le gusta Bon Jovi." Leonardo Oyola me decía eso de su novela, Chamamé, cuando recién se publicaba en España. Ahora ganó el Premio Hammett a la mejor novela negra. En una parrilla de Dorrego nos juntamos a comer antes de su viaje. Me decía que el premio era ser finalista, viajar otra vez a España. Le dije que lo iba a ganar, pero claro, ahora es más fácil decirlo. Es hora de festejar.

10 julio 2008

Lujos

Mediodía. Frente a un plato de pollo a la cacerola (con cebollita, zanahoria, pimiento, salsa de soja) y papas al horno (de las mejores que he cocinado) me escucho diciendo para mí mismo: "no hay caso: cuando la quiero vivir, la vivo".

07 julio 2008

Prats escucha

Los olvidados

Recibo un mail de Carlos Salinas Maldonado, desde Nicaragüa, donde dice que es finalista del Premio de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Carlos participó del Taller de Periodismo y Literatura en Aracataca y durante esa semana se leyeron textos producidos y publicados y él leyó uno que se titulaba "Los olvidados del Casita". Cuando terminó de leerlo nos quedamos todos callados. Intentábamos procesar esa historia. Él no estaba demasiado convencido de la calidad del trabajo. A nosotros nos parecía excelente. En el mensaje de hoy dice que está dentro de los cinco finalistas, dice que no lo puede creer y nos agradece porque si no hubiera escuchado nuestros comentarios jamás lo mandaba al Premio. Ya está armando sus valijas para viajar a Monterrey. Está feliz y no es para menos. El trabajo se lo merece.

Prats escucha

14 junio 2008

Siete whiskys y una fanta

Así se llama el equipo que armamos con mis amigos para jugar un campeonato de fútbol. Ya armé un desafío con el equipo de mi hermano para prepararnos. Será en tres semanas. Quiero que a las camisetas blancas que nos regala Gatorade les queden manchas de sangre.

Aldo

Así se llama el mozo de la cantina de al lado.

Bolsa

Primer hecho de sonambulismo en mi nueva casa. O no, es el segundo. El anterior ocurrió la primera noche, cuando desperté gritando porque estaba convencido de que me había olvidado la billetera, los pantalones y cientos de papeles en el departamento anterior. Anoche no sé qué pasó pero al despertarme encontré en una bolsa negra los cables y los controles remotos del dvd y del vhs; en el piso un par de pantalones y la cama sin almohadas.

12 junio 2008

Mar

Nací en una pequeña aldea de Liberia que ya no existe, allí construyeron una planta hidroeléctrica, y la aldea quedó sumergida bajo el agua. Si quisiera visitar mi lugar de nacimiento tendría que ir en bote, y hundirme en el fondo del mar.
(Alexander Sokurov)

30 mayo 2008

Diario de una mudanza (5)

Anoche no dormí. Hasta las cinco y media llené canastos, rompí papeles sueltos de la novela, de cuentos viejos y corregidos, de gacetillas interminables, de tesis universitarias de amigas que me las dieron para corregir. Lo peor no fue eso sino que lo hice sin música, muerto de frío, comiendo las últimas galletitas gold mundo que me quedaban. A las seis me acosté como estaba y a las seis y media me desperté y seguí preparando todo para la mudanza. A las siete y media llegó a la puerta de Talcahuano y Santa Fe un elefante colorado que tenía tatuado en el lomo: Mudanzas Sbora. Son mis muchachos. El primero que bajó me preguntó si yo era su contacto. Asentí y me dijo que estaba difícil para estacionar, que no sabía si iban a poder hacerlo, que quizás deberían estacionar una cuadra más allá. Empecé a putear hasta que Miguel, el cabecilla de todo esto, vio que un auto dejaba su lugar y atrás de él otro. El camión entró perfecto. A Miguel lo secundaban un pendejo de dieciocho, un gordito que parecía porteador peruano y el conductor del camión. Cuando entró al departamento, Miguel preguntó si levantaba todo lo que se veía. Lo dijo así y le respondí que sí. Miguel aplaudió y empezó a dar órdenes. Dale, que hace frío, decía Miguel. Traé el destornillador, la manta, traé el acolchado para bajar la heladera. Miguel no tenía dientes pero ordenaba y los otros obedecían. Me preguntó si esta era mi oficina. Me preguntó qué carajo había puesto en los canastos que estaban tan pesados y después, para qué quería tantos libros. Desde que empezó todo esto me digo que debería vivir sólo con un bolsito, que no debería aferrarme tanto a las cosas, dejar de lado mi corazón cartonero y tirar los papeles. Esta vez lo hice y me prometí liberarme de algunos libros (no de todos, claro) . Algún día -soñé- viviré con un bolso siempre armado, con una sola muda de ropa y alguna biografía que me apasione. Así recorreré el mundo.
***
La mudanza terminó a las once. Todavía quedan algunos canastos y ahora debo recoger unas pocas cosas que quedaron y entregar la llave. Ya está ubicada mi cama, tiene las sábanas limpias y la luz ingresa por la ventana. Es una linda tarde.

29 mayo 2008

Diario de una mudanza (4)

Ya descubrí para qué sirve Perfil: es ideal para hacer bollitos de papel y que los platos dentro de los canastos no se rompan. Y a La Nación la uso para envolver las tazas.

***

Soundtrack mudanza:
Disco 1. Jukebox, Cat Power
Disco 2. Sleep through the static, Jack Johnson
Disco 3. Is this it, The Strokes

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Hoy le dije a una viejita simpática del primero piso que me iba. Se ofreció a ayudarme. Además como está en un monoambiente, le dije que se cambiara para el décimo. Quizás le dejo las plantas.

28 mayo 2008

Diario de una mudanza (3)

No sé si lo anterior quiso ser poético o qué, pero hay cosas que importantes para decir y nadie las dice: es absolutamente inhumano sacar el agua del freezer descongelado a las 0.45 de la madrugada del miércoles más frío del año.

Diario de una mudanza (2)

Sueño que de a poco todo comienza a vaciarse. Las bibliotecas, los placares; comienza también a descender el aire por una escalera de edificio, del diez al nueve y así hasta planta baja. Desciende como la cama, y la heladera, y el televisor, y las botellas de whisky vacías. Al menos en mis sueños, ya todo se fue. Pero ellas se quedan, Yuya y Mao permanecen arremolinadas por el aire, sometidas por la escarcha de la noche sobre el balcón.

Diario de una mudanza (1)

El camarada Hax me decía ayer que debería sacarle fotos a mi casa. No tengo cámara, le dije y se indignó, dijo que no podía ser que un blogger prominente no tuviera cámara digital. Le dije que no era un blogger prominente, que ya no tengo ni groupies, pero igual, me propuse hacer un diario de la mudanza (original, ¿no?) mientras la cuenta regresiva avanza. Anoche dormí pésimo, con los canastos de mimbre que murmuraban y conspiraban para secuestrar mi casa y declarar la independencia de los canastos de mimbre. Los soñé caminando en cuatro patas, petacones como son, barrabravas de mudanza. Me desperté cada cinco minutos, tosía, estornudaba, se me llenaban los ojos de lágrimas y puteaba por el polvillo. Diseñaba en mi cabeza la logística de estos días. Me desperté a las siete con Jack Johnson (sonará hasta que termine todo esto), agarré la biografía de Sartre y me fui a desayunar afuera porque acá ya no se puede vivir. Descubrí que las bolsas de residuos Asurín (gigantes) podían servirme para ubicarlas dentro de los canastos y los libros no tendrían contacto con estos canastos hijos de puta. Son perfectas aunque también caras y sólo traen diez, pero no importa. Ayer recibí mensajes de gente que me apoya, que me envía fuerzas desde la distancia. Recibí llamados telefónicos de todas partes del mundo: del Hay Festival (con Salman Rushdie y Gore Vidal tomando té) hasta Chile. Todos están leyendo este block. Todos acompañan y mi cintura comienza a sufrir los primeros embates. Seguiré sin descanso. Ya tengo seis canastos llenos. Faltan doce. La obsesión me llevará al final de la noche de esta mudanza. Y levantaré mi Asurín con la mano izquierda.

27 mayo 2008

Move on

¿Por dónde se empieza? Tengo canastos acumulados en cada rincón de mi departamento. No me puedo mover. Escribo con los codos sometidos, apretando mi cuerpo, y la luz no ingresa a la habitación porque los canastos llegan hasta el techo. Literal. Tengo dos días para meter todo en estos treinta cuadrados de mimbre. Tengo que cerrar la revista, ir a la inauguración de ArteBa, a la presentación del libro de Liniers, tengo que irme a cenar a otro lado porque en casa ni siquiera puedo sentarme: hoy desayuné de pie en la cocina, después de que los muchachos (¿tres pibes de quince años me van a hacer la mudanza?) me dejaran los canastos y después de pagar la seña convenida me pidieran unos pesitos para "el café". No tengo nada, flaco. Te estoy dando lo último. Definitivamente, los discos y algunos libros voy a llevarlos por mi cuenta.

23 mayo 2008

Prats escucha

Los había escuchado en el soundtrack del filme Thumbsucker junto a Tim Delaughter aunque no tenía idea de quiénes eran. Parecen evangelistas o carismáticos o miembros de una secta. Son The Polyphonic Spree. Mueven las cabezas. Levantan las manos. Alaban no sé a quién. Son una sinfónica rockera integrada por 24 personas. Escuché el tema Lights & Day y me sorprendió la potencia de una banda formada por una multitud, la unidad y las delicadezas de algunos instrumentos y del trabajo coral para interpretar temas de ellos y de otros. A Nirvana (una gran versión de Lithium en el festival Lollapalooza) y también a los Beatles (Sgt Pepper Lonely Heart Club Band)



Light & Day (video)



Lithium



Light & Day en Scrubs

22 mayo 2008

Noche peronista

Anoche terminamos tarde y como ocurre casi siempre los días de cierre largo, fuimos a cenar con los que quedamos últimos. Los de siempre. Fuimos a un restaurant español de Moreno y San José, porque se podía fumar, pedimos jamón crudo, unas gambas, una tortilla a la española, después y cazuela de mariscos. Al final hubo discusión si habíamos tomado tres, cuatro o cinco botellas de vino. Creo que fueron cuatro, nos cobraron tres y parecieron cinco, pero nunca te cobran de menos. Siempre es de más. Hablamos de Bolivia, de la situación en Bolivia y cada uno recordó sus viajes a Potosí, por el salar o por el Lago Titicaca. No sé quién dijo que le sorprendió la cantidad de iglesias evangelistas que había y empezamos a hablar de las religiones carismáticas, del gospel y terminamos entre las respuestas que puede darte la ciencia y las que pueden darte las religiones. Llega un punto en que la ciencia también es una cuestión de Fe. No sé cómo después pasamos a desentrañar la Revolución Rusa y la manera en que los alemanes escapaban del Ejército Rojo en Stalingrado. Creo que el disparador fue alguna película, como siempre, o la estadía de alguno en la mesa como corresponsal de Tass, la agencia de noticias soviética, en Berlín. También hablamos de la fisonomía de los rusos y de la capacidad para beber vodka (o cualquier cosa) que tienen. De Rusia, pasamos a la Segunda Guerra; de Hitler pasamos a Perón y la noche nos encontró en la vereda del restaurant ya con las cortinas bajas, intentando entender el peronismo. No llegamos a nada

17 mayo 2008

Cumbia!

Anoche fui a comer con Los Peyotes -ellos pizza y yo un lomito-, la banda de garage, psicodelia y bizarrez que alguna vez estuvo en mi programa de radio. Se acordaban del programa, que estaba bueno el lugar. Les conté que perdimos el espacio porque vino Palmer, el dueño de Ku, y puso toda la guita para quitarnos el espacio y convertir esos sábados en electrónicos. Del indie a la electrónica. Le querían poner onda y no tenían idea. Después los acompañé al show que darían a las doce en el Salón Pueyrredón. Tocaron a la una. Los temas clásicos (si saben que soy negro no me pidan color; el humo te hace mal), los ahhhh, los gritos de aguante la cumbia y el delirio de cinco flacos que no la pasan mal. Ni ellos pueden creer que ahora los inviten a Rotterdam para participar del Primitive, el festival más importante de música garage, y después aprovecharán para irse de gira, durante un mes, por Berlín.
Siguiendo con la cumbia, hoy sábado me fui al Rojas porque cerraba la muestra Tropicalísima. Y tocaba El Fantasma. Lo saludé al Fantasma y me preguntó qué leía. Le dije que Dios es redondos un libro de crónicas de fútbol del mejor escritor latinoamericano: Juan Villoro. Lo tenía en la mano y se lo mostré. Quedó chocho. Le dije dónde se lo conseguía (ahí, en la misma cuadra) por diez pesos. También lo conocí a Cristian Alarcón, que hace tiempo venimos intercambiando mails. Admiración mutua. Por ahí andaba Julio Arrieta, protagonista de Estrellas y Roberto Jacoby, el curador en las sombras de todo esto, que agitaba sin parar. Mi amigo Max estaba contento. Armó un poco de ruido, que es lo que le gusta hacer. Además se vio a la gente con la manito arriba, moviendo la cadera, gritando ¡cumbia de la buena!

12 mayo 2008

Mañana

Antes que nada recomiendo Sleep through the static, el nuevo disco de Jack Johnson y la entrevista que le hicieron en Rolling Stone. Me pasé toda la noche con ese disco. Me quedé hasta las dos de la mañana corrigiendo y hoy me desperté a las siete. Parece que en los últimos tramos de algo la excitación me hace perder el sueño. Bueno, cuestión que hace un rato, tipo once y media, terminé la segunda reescritura y corrección. El texto está bastante mejor que en el verano cuando lo terminé. Hay partes fuertes y el final me sigue gustando. Debo decir también que se cayó Coghlan así que la Comunidad que iba a armar con dos amigos no podrá ser. Tampoco las fiestas ni los asados interminables en la terraza. No importa. Mañana, quién sabe, seremos libres.

03 mayo 2008

Imaginate

Imaginate el barrio: a pocas cuadras de Parque Saavedra (unas pocas más y estás en la General Paz, y estás en la provincia), imaginate que en frente tenés una de esas despensas de viejo, en la otra cuadra un local que vende empanadas y, según dicen, son bastante buenas. Imaginate que el ambiente es tranquilo, que el primer piso está recién construido, que tenés visión panorámica hacia una casa abandonada y una terraza enorme, con lugar para una parrilla. Imaginate que la habitación no es tan grande como la actual pero está bien: con una cama y una mesa de luz, ya estás, tenés el placard espacioso (para poner los dos pantalones que tenés y una campera: tu vestuario habitual) y una cocina bien equipada de alacenas. Y tenés bañadera. Chica, pero bañadera al fin. Basta de frío, te decís. Imaginate que alquilás el primer piso de ese ph. Y que un amigo alquila el de planta baja A y otro el de planta baja B. Imaginate los días. Imaginate que por las mañanas el barrio se despierta con Manu Chao. Imaginate que la tuya, es la Casa Babylon.