02 diciembre 2009

Raro bis

Nada, digo que si todos los días te dedicás a comer cualquier tipo de carne asada, sea de cerdo o de res, siempre adobada, y todos los mozos te juran que no pica, pero pica como la mierda, entonces encontrarte con un Starbucks que en su propia esencia no es tan mexicano sino más bien yankee, uno lo agradece. Anoche comí con unos amigos escritores en un asador que se llamaba La vaca argentina. Uno de los escritores, director del Canal 22, le llegó su plato con unos medallones de carne, pero atravesados por un cuchillo que se clavaba en la tablita de madera. El que estaba junto a él, autor de Los culpables, le comentó: ¿Es un mensaje mafioso? Yo pedí comida mexicana, desde luego.

14 octubre 2009

Remeras

Tengo una manía. Ciertas remeras –no todas– las doy vuelta para que se le vean las costuras. ¿Explicación? Ninguna. Aunque Philip Roth, pone en boca de la amante del protagonista de Engaño una explicación a la misma manía. “Es muy elegante –dice la mujer– sugiere que eres una persona algo anárquica”. Admito ante el tribunal, entonces, mi anarquía.

15 septiembre 2009

Rock

Recibo un mensaje:
"Lo lindo es que ya nadie te puede negar el rock. Es fastidiosamente tuyo."

20 agosto 2009

Máquina

Me preguntan por qué ya no escribo, me preguntan si abandoné una vez más el blog. Tal vez, les digo. Les digo que estoy escribiendo en mi cabeza, y las letras se incrustan como martillos de una Remington vieja, y arruinada, y que grita para que el papel se acabe.

22 julio 2009

White album

Anoche caminaba con una groupie que decía odiar ser groupie por las calles de Palermo Cheto. Ella cantaba canciones de los Beatles (blackbird singing in the death of night, take these broken wings and learn to fly) y yo le tiraba uno tras otro títulos del álbum blanco. Ella balbuceaba algunas letras en inglés, de vez en cuando desentonaba. Un rato antes habíamos estado en un bar con un camarada de revoluciones y otras chicas que en algún momento podrían ser groupies, y ella me decía que odiaba a Cat Power. Yo le dije que suelo enamorarme de las chicas inalcanzables.

17 julio 2009


pienso lo mismo
la lista de temas:
House/Dreams/Makin Believe/Sea of love/left lonely/Silver Stallion/New York/I lost someone/Lord help/Fortunate son/Metal heart/Blue/She´s got you/Dark end of the street/The greatest (Jim counts in)/Lived in bars/Life of the party/Could we (short)/Ive been lovin you/I don´t blame/Song to Bobby/Ramblin woman/Angelitos negros

09 julio 2009

Al fin, la noche

La reconstrucción se hace por flashes. No hay un encadenamiento natural de las cosas. Me veo a mí a las ocho de la noche, después de la ducha, junto a la ventana, y veo a la vecina de enfrente en la cocina. No tengo cortinas y ella lo sabe. Me llama por teléfono mi amigo de San Pablo. Dice que ya empezó a trabajar y que su vida es un estrés y que en estos días no se pudo ir a ninguna playa porque los días no están para chapotear ni hacerse milanesa. Le agradezco el llamado y corto y empiezo a vestirme y busco las zapatillas de siempre, la remera de siempre, los pantalones rotos. Después busco la campera, las llaves y salgo, me voy caminando en un silbido que sólo escuchan las viejas que me miran y se dan vuelta por la calle como si lo mío fuese una publicidad de shampoo, y el pelo flamea al aire, larga melena Koleston Rojo en una calle que podría ser Florida, rodeado de oficinistas en blanco y negro que se dan vuelta y mi pelo, el que me acabo de lavar con el nuevo shampoo head & shoulders, se mueve como si tuviera ganas de decir algo, en cámara lenta, como si corriera hacia el tren de Viaje a Darjeelin con el modelo de Hermenegildo Zegna que corre al lado. Sos mi ídolo Adrien. O no. No admiro a nadie. Lo único que me acuerdo de esa película es el corto del principio, con Natalie Portman en una habitación de París escuchando un tema en francés. No recuerdo mucho más. Ese podría haber sido un buen regalo: Natalie, París, habitación y canción en francés cantada en el balcón en un atardecer tan rojo como mi pelo. Desde luego que, al igual que mi pelo rojo al viento, mi imaginación me juega bromas similares: no tengo ni pelo ni habitación ni París. A Portman la estamos consiguiendo. Aún no bajo los brazos. Ya me confirmaron el almuerzo con Chan Marshall (o Cat Power para los que sólo vieron I'm not there y sólo escucharon esa hermosa versión del tema de Dylan por parte de la niña) así que tal vez tengamos a Chan en los próximos días y te juro, chiquita, que no voy a parar hasta que logre que me cante al oído.
Cuestión que estaba en mi viaje rumbo al bar.
Y todavía no llegué. Y no empecé a saludar a mi amigo el Gallo, ni a su novia ni saludé a mi hermano ni a mi hermana ni a su novio ni empecé a invitar tragos a diestra y siniestra (linda frase), balas de un cargador que martilló varias veces durante la noche. Siempre para los amigos. En un momento, ya comenzaba a perder la memoria, llegó un contingente de holandesas que nunca supimos cómo habían llegado, pero la imagen era esta: una pista de pelos rubios de todos los tamaños que te hablaban así: my dear, y te decían my dear para pedirte tragos y uno que es buena gente bang bang bang, tragos de un lado a otro, de una punta a otra de la barra, rastros de sangre por las mesas y alguien que volcó el bitter soda o el aguardiente o el mezcal sobre la tabla de madera del inodoro. Alguien volcó la vida en la mesa y veo a mi hermano del alma que se arrastra por la mesa con los mismos movimientos que el fanático de Michael Jackson que está sobre el escenario desde las nueve y baila la misma coreografía de algún tema de Britney.
O acaso no era mi hermano el que se arrastraba sino el Rey del Mambo. En un momento, apenas lo recuerdo, llegó El Viajero del Siglo, que había tenido una cena con su abuela o con sus familiares y se estaba yendo hacia el hotel y pasó a saludarme y cantó y hasta bailó con alguna canción de Beatles que pasaron en un momento. Repito que lo mío son recuerdos vagos. Intermitentes. Flashes que se suceden sin orden cronológico, no sé en qué momento llegamos hasta donde estamos ahora. En esta habitación a oscuras llena de máquinas, llena de personajes hipnotizados por las pantallitas plateadas y las hamburguesas. Y hay ruidos. Y hay gritos. Y hay sangre.

03 julio 2009

Resistencia

Escribo desde la última trinchera de paranoia. Alrededor ya no queda nadie. Los pocos que estaban se fueron. Me llaman por teléfono y me preguntan si el festejo se hace. Mi amigo agente secreto me recomienda que tome las precauciones necesarias, que no se justifica brindar por un momento como este y me impulsa a cancelar todo. Les respondo que teniendo en cuenta la emergencia sanitaria mañana continúa en pie el festejo. Será el último foco de la resistencia. Estaré en la otra punta del bar, solo con mi Jack Daniels, saludando de lejos, disparando desde un árbol a los que empiecen con alguna queja. Mañana nos reuniremos algunos pocos a juntar los pedacitos de felicidad que quedan mientras todo se derrumba.

16 junio 2009

Intimidad

Morrison dice que ya no escribo más en el block porque me hice metodista. Es mentira. También dice que dejé el anarquismo y el punk para desayunar en Martínez y en Delicity. No le respondo. Habla y termina hablando solo. Me dice que ahora que tengo loza radiante y alfombra me hago el japonés y me quito las zapatillas Converse al ingresar al departamento nuevo. Estoy un poco obsesionado con que no se me ensucie la alfombra, en principio porque no quiero llamar al limpialfombras. ¿Cómo se sacan las manchas de alquitrán de una alfombra? Morrison no tiene idea. Dice que él puede hacerme la changa. No le respondo. Dice que tiene una espuma que saca todas las manchas, incluso las más difíciles y pone tonito de publicidad televisiva. Todavía estoy rodeado de cajas con libros pero ya puedo descansar. No tengo cortinas y cuando duermo los vecinos del décimo piso están al tanto de mis movimientos, así también cuando me baño y cuando corro desnudo por el living como un Guido Kafka en un capítulo de Clave de Sol.

07 junio 2009

Última

Comienza la última semana en mi viejo departamento. Hasta el momento tengo once cajas con libros cerradas y etiquetadas. Faltan diecinueve y calculo que me faltarán catorce más cuando termine de ocupar todas las que conseguí. Pienso en descargar y volver a cargar, como si fuera un revólver de libros que te rompen la cabeza. Acabo de ingresar al weather channel para ver el pronóstico del tiempo del próximo fin de semana, que serán los días para hacer efectiva la mudanza con el flete. Según parece el sábado estará soleado y el domingo habrá 30 por ciento de probabilidades de precipitaciones. Terminaré el sábado. El sábado quizás ya pueda dormir frente a las canchas de Marangoni. El flete será de unos pibes de la barra brava de Huracán: están entusiasmados con el equipo así que vendrán de buen humor. Ahora tengo que armar la logística con los autos de mis amigos. Ya tengo tres autos que estarán disponibles el fin de semana que viene: cada uno de los autos cargará diez cajas de libros y quizás alguno pueda traer algo un poco más grande y pueda meter veinte. Las cajas están numeradas, y no hay polvo como en la mudanza anterior porque no hay canastos de mimbre. Mañana firmo. Mañana cancelo mi deuda con el banco. Parece que estoy armando todo para la gran estafa. Quizás en realidad no me vaya al nuevo departamento. Quizás cambie mi identidad y desaparezca.

28 mayo 2009

Reserva

Lo primero que dijo mi hermano cuando se enteró en qué zona había reservado un departamento para alquilar fue:
-Ah, pero sos un cheto.
Quizás tenga razón. Nunca dejé de serlo. Quise aparentar un hippiesmo 2.0 pero en realidad soy, como se dice, un nariz parada, me gusta reunirme en la puerta del Starbucks los sábados a la tarde y charlar con las señoras sobre peinados de peluquería, la sonrisa de Francisco de Narvaez y el punto justo para que te salgan los capuccinos frappé. Y después recorrer el chopping a las tres de la tarde, cargado de bolsas, hablando por celular, armando la salida de la noche directo a Belushi.

27 mayo 2009

Stress

Anoche cené con amigos porque necesitaba descargarme. Les regalé libros. Anoche profundicé en la vida de un amigo que se radicó unos años en San Pablo: lo mantiene la novia y tiene departamento, auto, una tarjeta de crédito para cargarle nafta al auto, otra tarjeta de crédito para las compras del mes, por las tardes tiene profesora particular de portugués y juega al tenis los sábados; después agarra el auto y se va a la Isla Bela a una aventura en jeep. Anoche, cuando nos despedíamos, le dije a mi amigo que me alegraba verlo bien, me alegraba que se le hubieran cumplido los sueños. Y por los proyectos.
Anoche no pude dormir. Todavía no tengo nada.

26 mayo 2009

Opciones

Hay algunas opciones pero no puedo decidirme. O tampoco hay tantas. Algunas están en Belgrano (nunca pensé que podría vivir en Belgrano: la avenida Cabildo tiene poca onda), mi viejo quiere pasarme el contacto de una inmobiliaria en la calle Quintana y le digo que me ofrecerán algunos departamentos por Libertador, por Posadas, todos entre 1500 y 1900, ponele, pero siempre en dólares. No quiero convertirme en un viejo que desayune en La Biela. De vez en cuando está bien, no siempre.

Prats escucha

21 mayo 2009

Problemas

Queda poco tiempo, me piden 1500 y acepto. Piden 1700 + deck + piscina + solarium + fitness center en una zona tilinga como la que está atrás de la embajada de estados unidos y acepto. Ya estoy aceptando cualquier cosa, o será que el espíritu de arteBA me invade y me creo un joven coleccionista, no sé. Anoche mientras me duchaba pensaba que la vida es una mesa de ruleta y hay que jugar como se debe jugar a la ruleta: soltar una fortuna en cada bola, cerrar los ojos y esperar a que el croupier cante rojo el siete.

15 mayo 2009

Prats escucha



Prats dice: ¿Y qué vas a hacer el martes en Manifiesto?
Fogwill dice: Hablaré de alcohol y musica pop.

13 mayo 2009

Formulario

Estoy pensando quién podrá acompañarme al show de Cat Power. Aunque esto ya se parezca el blog de mi amiga Carolina tengo apenas mes y medio para encontrar la persona indicada que se gane un asiento frente al escenario de Chan Marshall. Habría que llenar el formulario que se envía por e-mail a quienes así lo deseen. En la pregunta: si está casada, soltera o divorciada, faltaría la posibilidad: "en una relación", así que incluyan abajo, junto a la firma, si esa es su situación sentimental. A la seleccionada se le pedirá, al menos, que conozca un tema de la niña. Porque después seguramente iremos a tomar algo con ella y de algo habrá que hablar. Agradezco en este acto, también, la amabilidad de la discográfica de enviarme el disco Moon Pix, de 1998, que acaba de reeditarse en la Argentina con un bonus track. Ayer pensaba que podría acompañarme la mujer policía que cuida la parrilla de la esquina. Llegué a la medianoche, cuando ya estaban cerrando, a pedir que me vendieran unos bollos de pan porque en casa no tenía nada. Me los regalaron y cuando salí feliz, la mujer me miró y dijo pobrecito, a esta hora terminaste de trabajar. Y es así, le dije, levanté los hombros y ella me miró como diciendo ¿querés que te prepare algo? pero me da un poco de impresión la autoridad así que no arriesgué decirle nada. A ver si todavía se termina el buen diálogo que se produce cuando cruzo la calle y ella está apoyada en la pared:
-Qué tal -digo.
-Buenas noches -dice ella, impostando la voz.
¿Podría comenzar algo con una mujer policía? ¿Qué diría mi facebook? "En una relación con la sargento Alvarez".

10 mayo 2009

Tres pisos

Anoche estuve en una casa en San Cristobal. Tenía tres pisos, parecía un hostel pero era la casa de una chica y le pregunté a una inglesa que andaba dando vueltas y quería ser mi groupie, si ese lugar lleno de extranjeros era una especie de hostel y me dijo que no, que era la casa de una chica que alquilaba cuartos a extranjeros. Tres pisos. Una terraza enorme. Una habitación en la terraza. Onda. El dj mezclaba buenos temas, alguno del remolón, pinchaba algún clásico de Charly García con bases electrónicas. Había una cacerola con fideos y salsa bolognesa para quien quisiera servirse. Una chica me señaló, hizo el gesto de que agarrara un plato y me sirviera. Dije te agradezco, la base de mi alimentación son los fideos así que fuera del horario de comidas prefiero ni probarlos. Había enredaderas, llamadores de ángeles; había cuadros enormes en las paredes. Me dijeron que la dueña era artista plástica, que esa fiesta era de artes visuales. Armé una ronda y le dije a la inglesa que esto era lo más parecido a una fiesta de casamiento. Empezó a reírse. No sé si me había entendido. Quizás pensaba que podía ser mi groupie. En ese momento lo vi a Paul Giamatti bailando como si tuviese un aro en la cintura. Estaba en mi ronda y empecé a aplaudir, empecé a gritar, "mueva, mueva, mueva", o esas onomatopeyas que uno suele gritar en los casamientos y la inglesa me seguía, otras chicas que acababan de comer los fideos y no se podían mover (así me dijeron) también empezaron a aplaudir y festejaban el baile de Giamatti. Me agradecieron que le pusiera onda a la fiesta. En eso lo veo al Conejo que estaba harto de la fiesta porque había llegado a las once y le comenté que el mundo inmobiliario debería ser comunista: es injusto que algunas personas tengan tres pisos para sí mismas y los cuadros y los extranjeros mientras que otros andamos de acá para allá, con los libros a cuestas y las valijas llenas de casetes con grabaciones viejas. Le dije que me conformaba con estar dos años en la habitación de la terraza, aunque en invierno pueda morirme de pulmonía, aunque tuviera que subir cada noche esa escalerita suicida que conduce hasta la cocina y las habitaciones. Paul Giamatti seguía con su baile y su cintura. La luna estaba justo encima nuestro: una medalla de plata perfecta. Le dije al Conejo que si nacías bajo el signo de la luna en el universo, ibas a ser escritor. El Conejo no entendía nada de arquetipos, ni conjunciones cósmicas. Le dije que no importaba, y me contó que en su casa se había cortado la luz toda la tarde, y por eso llenó la bañadera de agua y a falta de tapón puso una bolsa de supermercado. Le dí unas palmaditas en la espalda.

07 mayo 2009

Chan



Cat Power (o mi amiga Chan Marshall, como quieran) viene a la Argentina en julio. Al final aceptó acompañarme en el festejo de mi cumpleaños. Seguramente vamos a hacer alguna macana, así que empiecen a hacer fila.

06 mayo 2009

Viajes

Ya cuando empezás a consumir todo lo que está a punto de vencer te das cuenta de que no te queda mucho. No sé si en esta vida, en este barrio, en este mundo. Pasaré quizás a un nuevo nivel de la existencia. Mientras Prats escribe, los Don Vicente moñitos están en la cacerola, un puré de tomate a días de vencerse (15 de mayo, deadline) y la radio al taco, un especial de Kabul en el que recorren todas las canciones del rock que tienen relación con la moda. Esos cruces están muy bien. Te cuentan historias, escuchás buena música. Si se me ocurre alquilar una casa por La Paternal con terraza les voy a decir para que se vengan a las sesiones Nadar, una tarde de domingo en la que Prats pase música, sirva tragos y prepare su especialidad: que son los moñitos Don Vicente con salsa de tomate a punto de echarse a perder. Se los juro, chicas. Anoche estuve en un museo de la zona de Barrio Parque. El mismo museo donde no sé hace cuanto mataron a uno de los directores y me encontré con una niña que acaba de sacar un libro. Me contó que el fin de semana estuvo en una casa en Carlos Keen, participó de un retiro espiritual de Camino Rojo, una especie de comunidad que organiza viajes de Mezcal y San Pedro, un grupo de gente, todos medio desnudos en un iglú que hierve. Toda una noche. Toda gente que casi no conocés. Me dijo que el guía era bueno, que te sabía llevar por los caminos de la percepción. Ciento veinte pesos la noche. Menos de lo que cuesta un libro de Acantilado.

05 mayo 2009

Diario de una vida portátil

Tampoco tan portátil. Otra vez tengo que mudarme, otra vez tengo que buscar un lugar donde caer muerto, despertarme a las siete de la mañana, saltar con alguno de los discos de Arcade Fire, tomar café doble sin azúcar, mirar por la ventana mientras llueve. Otra vez estoy en el camino. Pero no tengo idea adonde voy. ¡Cierren sus cuentas de Facebook!

22 abril 2009

Bife angosto

Acabo de comer uno de los bife de chorizo más feos de mi vida. No sé si esto es importante, si alguna de las pocas groupies que andan dando vueltas por la red en busca de textos de Prats se interesará por saber de mis costumbres gastronómicas nocturnas pero la verdad es que estos dos últimos días esas costumbres no fueron ni muy sofisticadas ni muy interesantes. Anoche agarré lo primero (y lo único) que había en la heladera: un tupper con fideos moñitos sin salsa, que habían sobrado de la noche anterior. Ni siquiera era un tupper de los grandes, era una porción deprimente, famélica, y a eso lo acompañé con la mitad de una baguette dura que había sobrado (también) de la noche anterior. No quiero dar lástima. Hoy al mediodía almorcé dos veces y ahora pedí un bife de chorizo a la parrilla de la esquina. Lo pedí a punto y lo trajeron dos horas después totalmente pasado, seco, y encima a 24 pesos. Por diez te consigo un gran plato de lo que sea en Constitución. Estoy indignado. Sepan disculpar las molestias ocasionadas. Saludos a Morrison, a Symns, a la línea peinada en el fondo de nuestras cabezas.

24 marzo 2009

El último sereno

No sé si fue por una nota que leí sobre Bolaño o porque me terminé de bañar con un disco que me gusta o fue que justo ahora empezara a sonar la canción "El último sereno", de El mató a un policía motorizado. Hacía tiempo que una canción no me cambiaba el ánimo. Solía ocurrirme. Pero hoy -hace un rato- volvió esa sensación de tener ganas de gritar un poco.

26 febrero 2009

Eso de tener groupies

No digo que no esté bueno. De algún modo, saber que personas que no conozco son "seguidoras" de este block es reconfortante, sean tres o cuatro o cinco -digámoslo: el número no importa-, es halagador. Pero cada vez que abro la ventanita aparece la carita de Monzer Al Kassar justo la semana después de ser condenado por tráfico de armas, y qué se yo, da un poco de cosa. Y como todavía no sé muy bien la dinámica, a veces aparece el traficante sirio y de vez en cuando Albert Camus. No sé si me pasa sólo a mí o a todos los miles que siguen este block pero aún no se anotaron en esa nueva "herramienta" de Blogger. No me quejo de mis groupies. Para nada. Uno, como a la familia, no elige a sus groupies así que bienvenidos al paraíso.

23 febrero 2009

El extraño mundo de Jack

El sábado llegó un amigo de Perú (tiene un blog de tenis en El Comercio) a cubrir el campeonato que no sé quién ganó. Tiene un nombre medio de serie yankee: Jack Lo. Por la noche fui a buscarlo al hotel y lo llevé a un bar cercano al obelisco. Un bar de buena música, buenos tragos, en el que se pudiera bailar. Después llegó nuestro rey monocuco con su novia, una joven escritora y también el jefe narco. Saltamos en medio de la pista. Nos regalaban cerveza. Jack dijo que si sonaban cinco de sus temas preferidos se quedaba a vivir en Buenos Aires. Sonaron siete así que ahora está buscando departamento. Me fui a dormir a las cinco. Jack, el jefe narco y su amiga programadora de un reconocido lugar de rock se quedaron en medio de la pista. Yo tenía un almuerzo importante con mi soledad al que llegué tarde porque me quedé dormido. Todavía no me recupero del jet lag o de los días sin dormir. Lo peor fue que no había fumado nada aunque sí soñé que había fumado y quizás eso me afectó.

20 febrero 2009

Franz

Terminé de comer y lavé los platos, la cacerola, lavé también la bacha y el piso de la cocina, pensé en sentarme en el comedor (todo es el comedor) y seguir con la lectura de los libros para terminar el trabajo, por eso llegué hasta el baño y me lavé bien las manos con jabón, obsesivamente, sentí calor y pensé en darme una ducha y de repente veo de reojo una mancha animada que me observa desde la pared blanca, impecable, entre el enjuague bucal (Colgate Plax, con fluor) y la crema Hinds (regeneradora), entre las cajas de dentífrico vacías y el hilo dental; la mancha me observa como había imaginado que miraba todo, testigo privilegiado, en uno de los comienzos desechados de Trash. Me doy cuenta de que es una cucaracha. Ni siquiera muy grande. Una de esas cucarachas amigables que no hacen nada. Que son cobardes. Que no se enfrentan con nadie. Incluso vuelven a su madriguera a dormir porque mañana será otro día y la imagino entre cientos de otras cucarachas amigables, chiquitas, incluso simpáticas, de esas que despiertan cierto afecto y pienso en dejarla ir como algunas otras que pude ver de lejos y seguí con mis cosas, pero esta vez algo me afectó. Quizás el que estuviera cerca del jabón blanco. Quizás fuera eso. Me quité una de mis ojotas y la aplasté. Pero era tan chica que terminaba siendo inmune a mi ojota. La cucaracha empezó a correr. Cada cinco centímetros se detenía como en gesto de burla y otra vez esquivaba el ojotazo, uno, dos, tres, cuatro esquivadas y a la quinta se escondió entre los recipientes de enjuague bucal y crema Hinds; los empecé a quitar y la cucaracha como que sobraba y no me gustó que hiciera eso, es cierto que tal vez debería haberla dejado vivir, de algún modo tiene su mérito haber sobrevivido a los desastres nucleares y a la extinción enigmática de los dinosaurios y de todas esas cosas que leía cuando era chico y sacaba de las Conozca Más. Pero esta vez no podía dejarla irse a descansar con las demás. Intenté aplastarla otra vez, pero cada vez corría más rápido, tenía más reflejos y hasta escuché a lo lejos un pito catalán que me sacó de quicio, y al arremeter ya con violencia la cucaracha dio un salto y llegó hasta el resumidero para perderse en la oscuridad. Mañana voy a bautizarla: se llamará Franz.

¿Si tuviera visa sabés cómo voy, no?


19 febrero 2009

El conde

Lo llamo a Laiseca, quiero saber cómo anda.
- Con este calor no puedo pensar, flaco.
Siempre habla así. Dice flaco. Gruñe. Respira y se escucha la respiración del otro lado del teléfono. A lo lejos, un televisor encendido.
- No puedo pagar mis cuentas, flaco.
- Yo hago que se acumulen las cuentas, Alberto.
- No puedo, flaco.
Le digo que ya encontraremos alguna forma de pagarlas y lo convenzo de que me cuente cómo escribe sobre sexo.
- Eso lo puedo hacer - dice.

Jet Lag

Estoy de vuelta. Todavía no me recuperé. Estuve sin dormir un par de días y otro par de días viajando. Nunca me había pasado que la azafata de Lan Chile se acercara y me dijese: están sentados en una puerta de emergencia, ¿están en condiciones de ayudar? Asentí pero no sabía si tenía que decirle que tenía sueño y hambre y que no estaba muy muy seguro de que si alguien me pedía que lo sacara del avión en caso de caernos en el río Magdalena o en medio del Atlántico iba a estar a la altura de las circunstancias, si iba a mirar para otro lado, no se lo dije, le dije que sí con la cabeza y ya me sentía un héroe, y después nos pidió que leyéramos con atención las instrucciones para abrir la puerta de emergencia, para ubicar dónde estaban los salvavidas. No las leí. Cerré los ojos y me dormí con un disco de Bob Dylan (Blond on Blond) que encontré en el sistema de entretenimiento.

15 febrero 2009

Manes, ciclas y viaje

Uno de los diarios más vendidos de Barranquilla se llama "Al día": un diario diferente, dice el slogan. Tres títulos de tapa para que te des una idea: "Le cayeron a cuchilladas", "Lo cascaron con pico de botella", "Se mamó tronco de muñequera". Todos con fotos de rostros ensangrentados o destruidos en la camilla de un hospital. En el resumen de la semana, que se encuentra en la página tres, se muestran, día por día, los hechos de violencia en la ciudad, con sus respectivas fotos: "Dos manes en ciclas le dieron viaje", dice uno que habla de cómo dos sicarios en bicicleta asesinaron de dos balzos a un vendedor ambulante. "Una culebra le mordió el pene" o "A Jaime le sonaron por una canción". Manes, ciclas y viaje.

14 febrero 2009

La muerte

La muerte me trajo a Barranquilla. Ayer estuve en un cementerio lleno de tumbas rotas. Pereira, uno de los sepultureros me señalaba los muertos ilustres del lugar. Uno muerto por la mafia, un capo narco asesinado en la cárcel, otro asesinado también por los narcos porque era amante de la novia de un jefe. Señalaba uno a uno y me contaba por qué la gente ya no pagaba lo que tenía que pagar y por eso las tumbas estaban todas rotas y sin césped. En uno de los desfiles de carnaval más descontrolados que vi en mi vida, La Guacherna (yo estaba como invitado en la comparsa "Disfrázate como quieras") conocí a Jorge Rodríguez, un pastor evangélico que había estado en la cárcel cinco años atrás por ser mula del Cartel de Cali. Entre shots de aguardiente, me dio su teléfono porque podía presentarme a otro pastor, de nombre Rodrigo Arenas, ex terrorista y quien fuera responsable de la bomba en el Hotel Royal. Tengo amigos nuevos.

11 febrero 2009

El rey

La vida me trajo a Barranquilla. Es una ciudad industrial sin ninguna belleza, pero como me decía un cachaco (los cachacos son los de Bogotá -los que no tienen playa- y en broma se les dice a los que no saben bailar, es decir los bogotanos) es una ciudad que la única belleza que tiene es su gente. Lo que suele decirse de las ciudades que no tienen nada. Me sorprende que en época de carnaval todos están dispuestos a hablar. Anoche me fui a una casa donde ensayaban las treinta reinas de los barrios marginales. Una era más linda que la otra. Hablé durante horas con Laura, una enfermera mulata de diecinueve años que lo único que deseaba en su vida era bailar el mapalé ("es la vida", dijo), una danza africana imposible de bailar para cualquier otra persona que no se mueve así ni tenga un concepto del movimiento desde los seis meses de vida como los colombianos. Le dije que era una danza ideal por si tenías contracturas (como las mías) en la espalda porque literalmente movés cada hueso de la columna y tiene algunos rasgos de las danzas brasileñas que cualquier argentino vio en las playas de Brasil. Laura tiene un amigo en la Argentina que conoció por internet. Su amigo es stripper ("una ricura", me dijo). Mientras estábamos sentados a un costado de la casa, se acercó otra de las treinta reinas y me preguntó de dónde era. Cuando se alejó, Laura me dijo que no la soportaba porque era una envidiosa. Pensé que todas se llevaban bien, le dije y ella abrió los ojos, me dijo que eran todas envidiosas: "somos mujeres, somos reinas, no podía ser de otra manera". Después sacó una musculosa amarilla de su bolso y me dijo que debía ior a cambiarse porque ya iba a empezar el ensayo. Me quedé a verlas. Randy, el coreógrafo había armado una coreografía que acentuaba los rasgos de las danzas africanas y por eso el mapalé era fundamental. Ni bien empezaron, se cortó la luz de todo el barrio. Siguieron a oscuras. Luego Randy y un grupo de bailarines practicaron unas acrobacias. La única iluminación era la luna llena al fondo. Cuando me fui en taxi, pregunté dónde podía cenar y me indicaron una zona gastronómica. Cuando llegué encontré la camioneta de la reina del carnaval (hay reinas populares, que son reinas de los barrios más carenciados y una reina del carnaval que es una chica de la elite barranquillera y para llegar a ser reina la familia debe invertir cerca de trescientos millones de pesos colombianos, que son algo así como ciento cincuenta mil dólares. Una locura.) Mariana, la reina de este año, invirtió esa suma y, según dicen, fue el mayor espectáculo que alguna vez se haya visto en la historia de Barranquilla. 150 personas en escena y todo eso. Cuando me acerco a saludarla, primero saludo a su edecán (tiene custodia policial) de nombre Iván y me cuenta algo de la intimidad de la reina. Es una chica muy bonita que se acerca con su vestido brilloso y me saluda. Mientras habla y la miro me doy cuenta de que cualquiera de las treinta reinas populares que están en esa casa sin luz, ensayando hasta las once de la noche es mucho más linda y bailan mucho mejor que esta chica rica. Pero, según me dicen, el pueblo no querría jamás una chica popular. Quieren a una chica de piel blanca. Quieren enloquecer por esa chica de la elite que durante un año recorre el mundo siendo la imagen de este carnaval.

04 febrero 2009

Anarco dandismo

Alguna vez, Prats recomendó a un autor catalán: Kiko Amat. Aquel libro se titulaba Cosas que hacen BUM y también estaba editado por Anagrama. Acaba de publicar su nueva novela, Rompepistas, que ya salió en España y del cual leímos su primer capítulo. Hace unos días, Amat publicó en el suplemento cultural de La Vanguardia un texto sobre una revista de la cual tendré que ser inevitablemente fan, The Chap. Dice Amat: The Chap es una revista inglesa actual que pregona la “revolución del tweed” y los preceptos del anarco-dandismo. La C.A.D. (Confederacy of Anarcho-Dandysts) celebra la era del jazz, los 20’s-30’s-40’s, la caballerosidad, los trajes hermosos y los cócteles tonificantes, y lucha contra la “sosificación” de la juventud y la cultura de la “vulgaroisie”. La lectura de The Chap es ciertamente estimulante, y le hace a uno desear catapultarse hacia unas décadas que no conocían el reggaeton ni las zapatillas deportivas, y en las que se valoraba el esfuerzo, la cortesía y el calzado resistente. En las páginas de The Chap no encontrarán ni rastro de Madonna o D&G, pero sí a David Niven o Noël Coward. No les hablarán de festivales musicales o “cultura de clubs” pero sí de utensilios de afeitado adecuados o cómo colocarse un cuello de camisa separable. The Chap busca “tomar una sociedad indiferente y poco elegante” con una revolución. Naturalmente, como ellos mismos confiesan, al estar “poco preparados para el esfuerzo que exige una revuelta convencional, debemos prepararnos para una revolución basada en la languidez excesiva y el vestir pero que muy bien”. Más. Una vez, el amigo alemán de Prats, Werner, le dijo que indudablemente Prats era anarco-glam. Se refería a sus jeans gastados, a sus remeras dadas vuelta, a su rapado psycho. Sin duda: Prats es un fashion victim. Y obviamente que Prats recomendará a Kiko Amat. Todo gira, decía ¿Fito? ¿Charly? ¿Alguno de esos?

31 enero 2009

Niñas

Tenían diecinueve y dieciseis. Tenían una banda. La más grande era la cantante y la pequeña, que al principio de la noche no parecía tan tan pequeña, era la pianista. Eran de esas personas al borde del freakismo que te desconciertan. Un padre italiano que sólo les había hecho escuchar música clásica. No sabían nada más. El cuarteto para violines de Mozart completo pero ni idea de lo que significaba una banda como Blondie. Algo de los Stones sabían pero de oída, tampoco demasiado. Y en un momento, dicen, se revelaron y quisieron empezar a tocar rock.
- ¿Y qué tocan? - pregunté.
Cinco minutos después, la pequeña, que decía sentirse mal porque no lograba hacer nada con su vida, responde:
- Y rasguña las piedras.
Pensé que me estaba cargando entonces dije:
- Y cierran el repertorio con Seminare, me imagino.
Cinco minutos después, la pequeña que no dejaba de mirar el techo, preguntó:
- ¿Cuál era Seminare?

27 enero 2009

Escena

El lugar es una sala de espera casi vacía. El chico con cara rara (Zach Braff) se fija en la chica linda (Natalie Portman), que está a un costado y tiene unos auriculares enormes. Se ríen. Flirteo. Ella se acerca, se quita los enormes auriculares y le dice que escuchar esta canción te puede cambiar la vida. Se los tiende y él escucha "New slang", The Shins.



26 enero 2009

Fin

Son las 21.45.

Cosas que te pasan si estás muerto

Está confirmado: los Prats escucha tendrán su versión en vivo. Sesiones Prats, Prats escucha o como quieran que se llamen. Cualquier viernes de estos, pre dancing en un bar del Nuevo Bajo. Ya les contaré. Por ahora me detendré en las cuatro horas que pasé ayer en Malba, viendo las extraordinarias historias de Llinás, que de extraordinarias tienen algo: esos momentos en la cena de los viejos del club y la lectura de sus pensamientos como así también las comidas en casa del hombre de campo y sus hijas donde cae Zeta, la historia de Lola Gallo que me pareció muy interesante, además del recurso de contar la historia tipográficamente y con la cara de Spregelburd sólo en fotos. Llinás tiene momentos. Historias extraordinarias son momentos. Y al salir de la función uno podría decir, como dice Casas sobre Aira: ¿Llinás nos cagó? No lo creo, pero seguro que se ríe desde la sala de proyección cuando aparece el remate de la Lucky Song. Me fui, comí tallarines con salsa en una casa donde la canilla del baño no dejaba de largar agua, hablé de energía renovable, de los festivales que se hacen en el mundo con esa energía, de los que se piensa hacer en la Argentina, hablé de tantas cosas hasta las dos de la mañana que no vienen al caso. Lo curioso es que al llegar a casa parece que había fiesta en algún rincón de Chacarita. Se escuchaba música. Y ni bien me quité la remera, el pantalón y me tiré en la cama, sonó Billie Jean de Michael Jackson. Empecé a reírme y abrí la ventana: quería ver de dónde venía la música y me dije que hoy debería terminar la novela.

24 enero 2009

Rituales

Pongo una cacerola con agua y un caldito de verdura. Hierve. Meto los fideos de espinaca y los revuelvo un poco, casi una tortura para los que no quieren meterse en el agua hirviendo. Después me siento frente a la computadora y escribo lo que estoy haciendo de un modo compulsivo, como si de esa manera se me ocurriera la solución de los problemas de la novela, una forma de destejer la somnolencia de los dedos, de escribir cualquier cosa sin importar lo que sea y que las ideas decanten como le sucedía a Ernesto cuando estaba en París y se le ocurría una idea: se iba a tomar un café y a dormir con su esposa y recién después, a la mañana siguiente, se sentaba y escribía. Anoche en la fiesta Compass hablaba con Iván y Lorena sobre el acceso a los libros que teníamos de chicos. Me acordé que a los diez años leí un libro que ocurría durante la guerra fría y que se llamaba El Zorro Rojo de Anthony Hyde, y estaba editado en esa colección de Grandes Novelistas Emecé. Lorena comentaba que su padre la guió en las lecturas y que muy chica pudo leer unas obras completas de Oscar Wilde en una edición preciosa que le volaron la cabeza. Yo me sigo acordando de esa novela que tenía espías, muertes y un homosexual corriendo desnudo por las calles de Milán o una ciudad de esas. Un libro que di vueltas la casa de mis padres para encontrarlo. Y ahora tengo un ritual que incluye fideos sin salsa, fideos casi monásticos, para no perder tanto tiempo limpiando cacerolas.

23 enero 2009

Los perros mueren en el desierto

Anoche me reuní con Iván y el resto de mis editores. Lo llamé al mediodía porque la novela estaba adquiriendo pasos de comedia y necesitaba reírme con alguien así que me preguntó si tenía algo para mostrarles y le dije que tenía un work in progress pero que no me gusta mostrar nada antes de terminar. Me dijo que nos podíamos juntar a la tarde así charlábamos del tema y que llevara, aunque sea el principio, para que lo fueran leyendo. Acepté. Imprimé lo que tenía, casi un setenta por ciento de la novela, me senté a corregir algunas cosas y con la música de Natural Born Killers salí de mi casa. ¿Dije que me gusta salir de casa con la música sonando? Es así: programo el equipo para que se apague solo diez minutos después de mi escape. Me gusta escuchar música mientras espero el ascensor. Entonces llevaba los papeles en la mano y crucé la calle, compré cervezas y llegué hasta la casa de Iván, que vive a pocas cuadras del cementerio. Mientras esperaba que bajara a abrir pensé en estos pocos días que llevaba con la novela. Digo: escribiéndola, porque la había pensado durante mi estadía en el bosque. Una vez Norman Mailer dijo que si le preguntan de qué depende el trabajo, la palabra clave (y una palabra desdichada, dijo), era resistencia. Escribir a menudo depende de la capacidad de mantener la fe en uno mismo. En estos días varias veces me despertaba ateo y dudaba de poder terminarla antes de febrero, pero soy cabeza dura y aquí estoy, a pocas páginas del final (pero, claro, las más difíciles). El otro día lo hablaba con Ella Fitzgerald: lo único que tengo es voluntad, le dije, y ella respondió que eso ya era mucho. Quizás tenía razón. Anoche, sentado en el living de los editores, mientras el "manuscrito" daba vueltas a la mesa y los tres hacían comentarios positivos sobre el texto y principalmente sobre la historia, me sentí casi como Dick que escribía de una semana a otra, sin parar, como en trance. Y mostraba y publicaba y cobraba su dinero y ya estaba en otra historia. Un escritor profesional. Igual fue extraño que cuando todavía me falta el final de la novela los editores ya piensen en la tapa, que al parecer la haría una fotógrafa que conozco y que trabaja muy bien: Lola. Terminamos comiendo en La Luli de Aguirre y Juan B. Justo, a la una de la madrugada después de discutir sobre literatura, revolución y política argentina, como suele suceder. Y por ahora descarté un título que era más bien pulp como "los perros mueren en el desierto". Veremos cómo sigue.

16 enero 2009

Jackson

Agarré la botella de whisky y tomé del pico. Media botella. No quería pensar más. Abrí el libro de Cheever y lo cerré. Me acosté en la cama y pensé en sacarle la batería al celular. Pensé en tirarlo por la ventana. Quise dormirme. Mañana será otro día, dije. Pensé. Cerré los ojos. Hubiera querido soñar con alguna canción de Michael Jackson pero se me apareció Jackson con la cara que tiene en el video de Thriller. El bailecito con los muertos vivos. La campera roja. El pantalón rojo. Las medias blancas.

13 enero 2009

El bosque

Estoy en el bosque. Solo. No hablo con nadie. Alrededor, dos mesas de ajedrez. En la primera, un hombre le enseña a jugar a su pareja. A mover las piezas. La chica no entiende. La chica mueve las piezas mal. El hombre se ríe. El wi fi anda en ralenti y escribo sin parar, catorce días sin escribir a máquina denotan la ansiedad por mover los dedos, por decir algo, cualquier cosa, y las letras, dos minutos después, aparecen. Estoy junto a una ventana que da a la calle. Más allá, una gorda en traje de baño, junto a la puerta de la pileta, llama a su hijo Ramiro. Ramiro emite gritos. No habla. Tiene tres años pero no habla. Mueve las manos. Con una madre así yo tampoco hablaría. Las hijas son idénticas a la madre. Insoportables. El padre hace fuego para tirar unas hamburguesas en la parrilla. Cierro el diario, el libro que estoy leyendo y miro en el paquete de cigarrillos el canuto preparado para esta noche. Quizás me pierda en el bar del bosque, en el que, según dicen, tocó Botafogo, cantó Calamaro, tocaron Las Pelotas con un Sokol que todavía no había muerto. Anoche en el bosque no había nadie. No había luz.
Ahora Esteban, el encargado del hotel, el pibe que está siempre con una sonrisa de empleado del mes, dice mi nombre. Dice el nombre de todos los huéspedes del hotel como si fuera un ejercicio de ingenio. Me mira. Sonrisa. Dice mi nombre. Le pido la llave de la habitación y me pregunta si todo anda bien. Asiento. Subo las escaleras, miro la hora, me desvisto y me acuesto en la cama. Está nublado. El ventilador hace ruido y me quedo mirando la monotonía de sus astas. Hay pulgas. Arena. La cortina es celeste y se mueve. No hay aire. Giro la cabeza y enciendo la luz. Son las doce. Me preparo para ir al bosque. Perderme desnudo en medio de los árboles. Junto al mar. Había soñado esta escena en alguna de estas catorce noches. Intento subir un médano y al hacerlo siento que alguien me sigue. Ramiro grita y mueve las manos. Empiezo a correr. Me persigue hasta la orilla. No habla y se mete al agua. Se mete hasta el fondo. Hasta donde no llego a ver.

26 diciembre 2008

Chicas bien

Popstear. De eso está hecho este blog. Somos todos pop star estreshados. Así me lo dijo una vez una amiga, de esas amigas chetas, divinas, que viven en un levité permanente, y tienen pisos en la avenida Alvear. No se contradice con mi condición proletaria, casi socialista, antisistema, o de una izquierda reflexiva como decíamos con Neuman. Para ellas -mis amigas de la avenida Alvear- debo ser como un personaje simpático. Ellas, chicas bien de familias disfuncionales, todas hippie chic de vinchas rosadas y remeritas de A.Y. Not Dead como las mías, me dicen que se acaban de casar y que están felices, que no tienen un mango pero le prestaron un departamento por la calle Posadas, dos años nada más y después arreglátelas, me dicen y yo les digo qué buena onda, por qué no tendré yo parientes o amigos que me presten un departamento durante dos años, lo necesario para trabajar 20 horas al día, lo mismo que trabajo siempre, para ahorrar y comprar algo chico, un monoambiente frente al mar, en cualquier parte. El mar está en todos lados. Imaginátelo. Eso. Me fui al mar dos días. Después vuelvo y me vuelvo a ir. Me gusta la ruta hasta la última ola.

18 diciembre 2008

Exterior. Noche

El martes hice la calle. Para alegría de muchas de mis groupies, me ubiqué en la vereda del Zas después de haber ingresado a ese antro de narradores y poetas y cantantes que no podían cantar y escapé sofocado con una botellita de fanta. Incluso me ofrecieron cerveza pero dije que ya no consumo más alcohol. Me hice abstemio como mi amigo que es espía para la Side y cada vez que sale con una chica se pide un licuado. No tomé alcohol en toda la noche a pesar de que lo ameritaba. Me encontré con Mairal que hablaba de sus traducciones amateurs de Shakespeare que un ignoto director de teatro utilizó en uno de sus talleres. Creo que era el monólogo inicial de Ricardo III que empieza así: Now. También me encontré con M. una de las chicas de autobombo y se quejó porque ya no comento más en su blog. Le dije que iba a escribir todo lo que hablamos esa noche para que no se quejara más. Después le prometí un libro de Marilyn Monroe. No sé a qué iba esto pero la idea es que de vez en cuando escriba algo. Que no esté bien escrito ni sea sumamente divertido sino más bien una escritura blog, de esas que les gusta a las chicas modernas, a mis groupies de siempre. Ahora me voy porque parece que empezaré a ser profesor de la facultad. Como Homero, cortaré los codos de mi único saco y le pondré pitucones.

16 diciembre 2008

Dicen que hoy hay fiesta


¿Qué tenés en la cabeza?
Cierre de ciclos literarios.
16 de diciembre, desde las 19 hs., el Centro Cultural ZAS (Moreno 2320)

07 diciembre 2008

Prats escucha


Dos temas en vivo de la banda islandesa Sigur ros. Ambos del último disco með suð í eyrum við spilum endalaust. Primero "við spilum endalaust" y en el segundo, "gobbledigook", junto a Bjork y por ahí también aparece un doppelgänger de Chitarroni vestido de blanco. Fijate.

04 diciembre 2008

Mensajes cruzados

Escribo en un mail: Nunca fui a City Hall. Nunca tuve adolescencia. Rimbaud había perdido su infancia en la poesía. Yo la perdí con otras cosas que no valieron la pena ni quedarán en la historia pero también la perdí y la sigo perdiendo. Y encima no soy Rimbaud.
Leo lo que escribo y me llaman por teléfono. Me dicen: "Bueno, hay que superar las etapas".

01 diciembre 2008

El universo

Son las dos de la mañana y sigo esperando el 168. Hace frío. Las calles tienen el tempo de la nueva novela de Murakami, personajes sonámbulos que andan por la ciudad: leen en algún café, dejan el celular en un supermercado, ensayan con sus banditas de rock o atienden un hotel alojamiento. Se me ocurre que ahora vendrá un chino en "motocicleta", me hablará en chino y yo no le entenderé nada. Pero por la cara me insulta. Le digo: "momentito, usted a mí no me insulta", pero no me entiende. Se saca el casco y efectivamente es un chino. Me doy cuenta por sus facciones. No es japonés, es chino. Habla en chino.
- No le entiendo - digo.
Y cuando el semáforo se pone en verde, se deja el casco en el antebrazo y arranca.
Me apoyo contra la parada del colectivo. Ya no llueve. Dos hombres fuman sentados en la entrada de un edificio. Una mina sale de una casa de dos pisos de enfrente. Cruza la calle con las manos en los bolsillos de su jean y los saluda. Beso, beso y chau. La mina se va. La veo irse. Le quiero ver la cara pero las sombras no me dejan. Al rato un tipo camina por medio de la calle. En la otra cuadra, un patrullero. El flaco sigue por el medio de la calle y el patrullero, a veinte, como que le enfila. Las luces azules dan vueltas. El tipo parece enfrentarse a las luces y a los policías cómodos en sus asientos. Como el chico frente a los tanques de Tiananmen Square. Pero cuando está en frente, sube a la vereda y se aleja. El patrullero sigue, cruza la calle a veinte. Los dos que fuman se levantan y llegan hasta un árbol con la tierra llena de agua verde. Aceite. Aunque está oscuro puedo saber que el agua es verde y que era aceite. Uno de los dos que fuman se agacha frente al árbol. Antes no había visto pero ahí hay una bolsa. El tipo la abre. Ahora se acerca el otro y se quedan mirando un rato la bolsa desplegada. Pienso que debe ser merca. Pienso en la mina que los saludó y siguió caminando. Miro hacia la casa que está enfrente. Pienso en cocinas de merca. Pienso en el lugar: el Once debe estar regado de cocinas ilegales de merca. Pienso en empezar una investigación. La policía debe estar arreglada, incluso deben pasar a veinte para controlar que no anden merodeadores por la zona, que nadie se avive, que todos sigan como si nada, como el pibe que caminaba por el medio de la calle silbando un tema de Roxette: Dangerous. Son las dos y media. El 168 llega y está repleto. El chofer no me abre la puerta de adelante sino la del medio. No pago: una buena. Me acumulo en el medio sin agarrarme de nadie. Adolescentes con botellas de gaseosa y fernet o algo peor. O mejor, quién sabe y para qué prejuzgar. Cantan cumbia: uno abre su celular y empieza la percusión. Se gritan de un lado a otro del colectivo. ¿Es sábado y la gente sale? ¿O es domingo y al día siguiente feriado? Pienso en el día internacional de la lucha contra el sida. Nadie daría asueto por el sida. Ni siquiera un gobierno pseudo progre como este. Miro mi cintita roja. Intento agarrarme de algún lado. Una gordita simpática me mira. Voy para otro lado, pienso. Los chicos se gritan y en cada cuadra, el chofer recluta nuevos pasajeros que le gritan que es un capo porque no tienen que pagar y se guardan el peso para la birra. Llega un grupo de chicas. Dos de ellas se besan. Los chicos miran. Los chicos hablan de conseguir algo de keto para levantar y seguir chupando. Me acuerdo de otras épocas. Pienso que todos estos deben ir a Amérika, que no es un boliche kafkiano o sí. Pero pasamos Gascón y Córdoba y ellos siguen. La gordita se levanta y tiene cinco amigos que la siguen. Dice que es acá, que acá nos tenemos que bajar y se baja. Los chicos de la keto (dicen keto y no keta, como hablaría yo de la ketamina) se pasan. Entonces descubro hacia donde van todos. Siempre creía que ese lugar era uno de esos patéticos salones de fiestas de quince. Y lo es. Se llama El Universo.

27 noviembre 2008

Diez minutos

Escribo en diez minutos. En el tiempo en que cocino unos fideos rápidos, sin aceite, con un caldito knorr en la cacerola, un puré de tomate guardado semanas atrás en la heladera, en un tupper de plástico, en el que desconfío pero intento convencerme de que el fuego quema todas las bacterias y lo meto en un recipiente y al fuego, diez minutos para escribir un texto cualquiera que pueda publicarse en el blog, meditado, eso sí, durante un viaje un colectivo en el que dos chicos hablaban de sus relaciones telefónicas con chicas que conocieron en Call TV. Los miro. Me dan lástima. Quizás yo les doy lástima a ellos pero al menos no mantengo relaciones sexuales o sociales con un teléfono. Uno le dice al otro cómo hacer para que los mensajes que te llegan no te coman todo el crédito de la tarjeta. Los miro y me dan lástima. En diez minutos escribo este texto. Los dedos aprietan teclas que no deberían, e intento una disciplina: cero error. Apretar sólo las teclas que corresponden a las letras que quiero escribir, formar sólo las palabras que quiero decir, transcribir los pensamientos de mi cabeza a los dedos llenos de olor a cebolla porque a la salsa le agregué una cebolla que estaba perdida al fondo de un cajón, derritiéndose como hacen las cebollas, una cebolla enorme que compré dos meses atrás en el Plaza Vea y que ahora pico con el enorme cuchillo herrumbrado al tiempo que pienso que el fuego quema todas las bacterias, quema todo lo que puede tener de putrefacto esta cebolla que ahora se huele en los dedos, en las teclas, en las palabras que transcribo de mi cabeza a la pantalla sólo en diez minutos.

24 noviembre 2008

síntomas

Parece no tener que hacer en la vida más que escribir. Vivir para escribir. No es el resultado de un contrato, como efectivamente podría ser, ya que ha habido algún ofrecimiento rechazado. Es el fruto de una decisión vital fuera de época. Una consagración laica o hasta profana pero profundamente espiritual. La escritura, dice esta nota, es un síntoma y no un ejercicio diplomado.

18 noviembre 2008

guerrilla

El viernes llegué a casa a las dos de la mañana. Me había quedado con Fuguet hablando sobre Arcade Fire y Andrés Caicedo en un restaurante. Que la madre de Caicedo le había abierto una cuenta en una farmacia, para que Andrés pudiera sacar fiado cuantos remedios y drogas quisiera. Así lo trataba de ayudar. Cuando salí, se levantó viento y empezó a llover. Dos chicas empezaron a correr como se empieza a correr con las lluvias imprevisibles. Las cortinas de chapa de la parrilla de Aldo estaban bajas. Me abrió Miguel y subí por la escalera hasta mi cuarto. Sonó el teléfono y atendí. Era Gus de Ultrapop para decirme que iban a hacer lo que habían preparado. A pesar de la lluvia, dijo, van a salir con un par de autos. Me preguntó si me sumaba y le dije que a las tres podría estar en el bar. El colectivo tardó un rato. Me dormí sentado en la vereda. Al tiempo que cabeceaba abrí los ojos y lo vi al colectivo. Una vieja con bolsas de supermercado subía con dificultad las escaleras. Llegué al bar diez minutos después de las tres. Gus estaba en la puerta junto a Yumber Vera Rojas. Hablaba con unas suecas. Les dije que la diferencia entre las suecas y las noruegas era que estas últimas siempre eran un poco más morochas. De pelo negro azabache. Yumber asentía. Se lo escuché repetir a un amigo que llegó después. Gus me dijo que bajara al subsuelo: estaban todos. Entré al bar con un tema de los Strokes. Bajé las escaleras y había cinco bolsas de consorcio enormes, negras, unas chicas fumando tiradas en el piso, dos poetas con pinta de heavy metal. Gus parecía ser el Wellington del que habla Roncagliolo en Jet Lag. Pero sin traje blanco ni la guita. Tiene pelo largo, camina encorvado. Levantó el balde de pegamento. Sacó una faja de clausurado de una carpeta marrón con el sticker de Ultrapop. Me dio el cartel. Al encenderse una cámara, me dijeron, como si me apuntaran con un arma, que dijera mi nombre y por qué lo hago. Con el objetivo rojo en mi frente, dije: soy Prats y lo hago por el ultraísmo.

12 noviembre 2008

Shhh

No sé qué es un blog. Escribo. Hablo solo. Hablo dormido. Me despierto y digo incoherencias. O creo que me despierto y digo incoherencias. O creo que me duermo y, despierto, no dejo de decir incoherencias. Me despierto con un grito. Y alguien me dice que estoy dormido. Me despierto y trato de explicar que el problema es una pelota que tenía en la mano y ya no está. Pero me dicen que estoy dormido, que debería descansar, estás muy contracturado, me dicen y pienso que la noche es la noche de Polidori, Byron y Shelley en Villa Diodati. Se propone un juego. Un desafío. Alguien escribe. Como si fuera una película de Greenaway se derriten víboras en las paredes. Hay un vampiro. Una ventana se cierra: ¡paf! Salto. Grito. Estoy dormido o despierto. Dormido digo que yo cierro la ventana. Abro la ventana, pienso en que me mirarán los de la casa ocupada de enfrente, gritarán algo o me invitarán a bailar cumbia. Tardo en cerrar la ventana. No cierra. No encuentro la gomita que la cierra. Estoy dormido. Tengo calor. Tengo una contractura que traza un dolor constante desde la base del cuello hasta la cintura. Grito. Pero estoy dormido. Me dicen que deje de gritar, pienso en que debería dejar de gritar, sueño que debería despertarme y bajar, rogar que la puerta de calle esté abierta porque no tengo llave de ningún lado. Me quedo en la escalera. Pienso. Leo. Me quedo dormido.

10 noviembre 2008

Virus

Son las nueve de la mañana y salgo rumbo al service que me recomendaron para ver por qué no arranca el sistema operativo de mi computadora. Me subo al 39, hago equilibrio con la computadora en la mano y llego hasta el local frente a la casa de mi hermano. Ni bien me ve entrar, el tipo (otra copia idéntica de Alejandro Kuropatwa) me pregunta qué pasó, por qué traigo la máquina. Le cuento. Está muerta, digo. Me dice que mire hacia la oficina: diez computadoras sobre unos escritorios de madera. Hace mucho que no veía algo así, dice el hombre. Alguien abrió una puerta y dejó salir la maldición, sigue. El tipo como si estuvieramos en una película de terror. Como si algo en el mundo anduviera mal. Y un poco paranoico me puse.

05 noviembre 2008

Teatro Proletario de Cámara

El libro está sobre una mesa del Centro Cultural de España en Buenos Aires (la sede para aristócratas de Paraná y Santa Fe -yo vivía a una cuadra pero lo aristócrata en mí sólo surgía cuando iba a desayunar a Josephine's, el café de un suizo ubicado en Parera y Guido). Nadie lo toca. Parece una Biblia. La palabra revelada. Llego y les pregunto a los que lo venden si puedo agarrarlo. Me dicen que sí. La tapa es de cuerina, el borde de las páginas, bordó. Abro el libro y lo primero que aparece es una página de revista porno barata, a tres por cincuenta en Corrientes, de los años ochenta. Es la edición facsímilar del Teatro Proletario de Cámara, la última obra de Osvaldo Lamborghini. Cuando Sudamericana editó en su momento las obras completas del autor de El fiord desechó esta, en la que había trabajado desde los ochenta. Muy complicada de editar, además de arriesgado. Páginas de revistas porno, manuscritos casi ilegibles, fragmentos de poemas, poemas, una foto de Perón junto a Isabel donde, en marcador negro, se lee: "Isabel, la caótica". Puro Lamborghini. Sólo trescientos ejemplares numerados a 120 euros cada uno. Me fijo en la billtera y sólo tengo cincuenta pesos cash. Consulto si aceptan tarjeta y me dicen que no, pero lo puedo llamar al editor español (el nombre de pila es Anxo) a su celular y pedirle que me venda uno. Hago cuentas. Pago el alquiler o compro un libro-objeto ilegible. En la calle, hablando con Tirri, lo saludo a Aira que está fumando. No sé si preguntarle si debo o no comprarlo. Por eso le digo que el precio está imposible. Aira no me mira pero se ríe. Le digo que Anxo debería llevar encima una maquinita para pasar la tarjeta de crédito así, al menos, lo podemos comprar en cuotas. Se ríe, no me mira. Noto que Aira nunca mira a los ojos. O mira para arriba o para abajo. Se ríe. Es un tipo agradable pero no quiero abrumarlo. Le preguntaría tantas cosas que no se me ocurre ninguna así que hablamos de Obama (en un momento dice que le dejó de interesar esta elección), hablamos del clima (¿lloverá?), un conocido le comenta que la hija de Rafael Squirru está por sacar un libro sobre el padre. Le interesa. Aira tiene una remera gris con dibujos rosas. Yo era una chica moderna. Tiene un libro en la mano, un libraco importante pero no puedo ver el título. Para la presentación de esta edición preparó un texto pero dice que no va a leerlo, cada vez que termina algún texto sobre Osvaldo, a los diez minutos vuelve a leerlo y lo corrige, lo deshace y vuelve a intentar una nueva explicación de su literatura. Siempre, dice, encuentra cosas nuevas.

04 noviembre 2008

Tapa de nalga

Son las siete y media de la mañana de un martes y suena el despertador, se enciende la radio. Me levanto, me lavo la cara y los dientes, me pongo un bermudas y el delantal de cocina que me regaló la gente de History Channel y ahí estoy, como viejita catamarqueña que no tiene nada más que hacer de sus días mas que cocinar. No es que estoy con hambre. Anoche cené a las doce y media de la noche y unos buenos fideos Don Vicente con salsa de tomate. Como la noche anterior. Lo que pasa es que el sábado había comprado carne en el supermercado y algunas verduras y la carne tenía como fecha de vencimiento el 5 de noviembre. El olorcito de la cebolla de verdeo se eleva a las siete cincuenta; la carne se cocina a las ocho y veinte. Después de cortarla. Nueve menos diez ya estoy listo para empezar a trabajar, resuelto el almuerzo y, si es posible, también la cena. No está mal cocinar tan temprano. Mientras me quito el delantal, no sé por qué, recuerdo la conversación que escuché anoche, mientras caminaba por Dorrego hasta Atlanta. Dos chicos que trabajan de tiracables en Telefé caminaban detrás mío. Se quejaban de las veces que los dejan solos desarmando todo. Que nunca les mandan ayudantes ni nada de eso. Pero en un momento uno, creo que después de que pasó caminando una mina muy linda, se acordó de una compañera que tenía en la escuela secundaria. Dice que tenía un culo tan grande que cuando bailaba, la mina tenía la capacidad de aplaudir con las nalgas. El otro chico se empezó a reír. Te lo juro, decía el otro: en un momento escuchabas a alguien aplaudir y era esta mina. ¿Y lo hacía en el boliche?, preguntó. A veces, pero siempre se lo pedíamos y lo hacía para nosotros en las reuniones.

31 octubre 2008

Pasillos

En un libro de Alvaro Bisama que una joven poeta acaba de regalarme el autor recuerda cuando le preguntaron a Anderson qué sentido tenía la lluvia de ranas al final de su película Magnolia. Anderson respondió que sencillamente era una idea fortiana: la anotación de un suceso inverosímil que irrumpía en un mundo verosímil con la fuerza de una epifanía cuyo sentido era tan luminoso como la tinta invisible. Las ranas podían ser una plaga pero también un milagro, una curva en las leyes de la narración, la fuerza centrípeda que desordena todo el relato y le ofrece algo de delirio. Leo el fragmento y esa idea en el subte D, mientras la vieja a mi lado sacude el codo frente a mis ojos. En el pasillo que conecta la línea D con la C, un hombre con la voz ronca canta a capella “El amor es más fuerte” de Ulises Butrón y sostiene con su mano una gorra sin billetes. “Pueden robarte el corazón/ cagarte a tiros en Morón”. Si te cagan a tiros en Morón, pienso, estás muerto. No hay vuelta. Me gustaría gritarle eso, pero me alejo empujado por esa respuesta a una canción pelotuda.

22 octubre 2008

Gorro de lana con lista de temas

Esta es la lista de temas que tocó Cocorosie el jueves pasado, en el evento que organizó Martini en sus Red Passion City, en el Teatro Margarita Xirgu. ¿La ves? Es una de las hermanas Cassady. Gorro de lana con lista de temas, maquinita de sonidos, loops que por momentos sumaban pero casi siempre estaban de más. Llegué a las nueve y recién habían abierto las puertas. Acababa de empezar el cóctel pero como no voy ni por la comida ni por la bebida sino por la música, me fui a un bar de San Telmo, a cenar. Leía un libro sobre la Generación Global que editó recientemente Paidós. Un libro de bolsillo. Los que me gusta llevar cuando salgo de noche y no quiero llevar bolso. El edificio del Xirgu estaba teñido de rojo, el plantel de Club 69, ataviados de cabaret, te recibían con plumas coloradas y una imitación de Pachano, bigotito a lo John Waters, bastón a lo Sarmiento, saludaba con una reverencia y te invitaba a pasar. Los mismos de siempre con los bocaditos de paté en una mano, brochette de carne en la otra, en la misma que sostiene un vaso largo de Martini con agua tónica. Por ahí anda Cerati. Deborah del Corral. Un actor que bailaba en la tribuna de Repetto. ¿O actuaba en el programa? No me acuerdo. Creo que era el coreógrafo o algo así. Estaba él y no importa. Estaba Esmeralda Mitre (creo), Roxana Harris (seguro) y varias modelos que conozco bien aunque nunca supe sus nombres (será porque no importan demasiado). Empecé a dar vueltas. Me ofrecían bandejas y no aceptaba. Me gusta el punto en que los/as mozos/as saben que no les aceptarás nada y hay un guiño de complicidad. Ni siquiera te preguntan y te saca un peso, ya no hay que hablar, no hay que agradecer, pasan al lado tuyo y no interfieren ni en la mirada ni en el paso. Son fantasmas. Viene una bandeja de gaseosa y no acepto. Tomo un vaso de Martini con agua tónica para probarlo. No me interesa. Me encuentro con Lloyds, me lo encuentro siempre: sea en Los Mudos, en el Pachamama o en alguna inauguración de Malba. Es el rubio que se agarra los afiches de Félix González Torres y se los regala a la chica con la que está saliendo. Pasamos el tiempo. Una serie de performances de la troupe Club 69 baila temas de Madonna o Donna Summer. Hasta que llegan las Cocorosie. Como suele ocurrir, los eventeros, las modelos, Cerati, los insoportables con el palito de brochete en la mano derecha, vacío, no dejan de hablar. Ni siquiera cuando Carlos, un amigo de las hermanas Cassady (según se dice uno de los Doma, pero no recuerdo que haya un Carlos en el grupo) salta y baila y filma con una cámara. Una máscara le cubre el rostro. Después quiere hacer el mosh. Quiere saltar hacia el público y sentirse en una ola de manos que le haga un recorrido por todo el lugar. Solidaridad rockera, se dice. Carlos no tiene en cuenta que los asistentes a este evento vinieron a comer, beber, hacer sociales y no dejar de hablar. No quieren escuchar nada sólo boludeces. Por eso Carlos pega un salto hacia el público, las manos extendidas, y cae derecho al piso. Se escucha el golpe seco, la máscara contra el suelo. Los ojos de los asistentes se cierran y sienten lástima.

21 octubre 2008

Dobles

Anoché cené tarde en la cantina de Aldo. Me senté afuera con un libro de Dino Buzzati y en frente se armaron una mesa los dobles de Alejandro Tantanián, Liliana Heker, Juan Sasturain y el cuarto era una copia defectuosa de Alejandro Kuropatwa. Me lo imaginé sacando la lengua y mostrando una de las pastillas rosas contra el sida. En realidad sacaba la lengua y servía con desprecio la cerveza. No sabía nada porque prefirío la Isenbeck ("es mejor", dijo con cara de yo-de-esto-sé) antes que la Warsteiner. No tengo ganas de chequear el nombre de la cerveza así que va así como me viene a la cabeza. Los dobles eran arquitectos. Y hablaron mal de gente de la arquitectura. Hablaron mal de un Julio, profesor en la carrera, porque era tartamudo, y Tantanián dijo que una clase de él era un parto, lo que tenía que durar una hora y media duraba dos horas y media. "Un parto", dijo antes de convencer a Heker y a Kuropatwa que lo acompañen con una parrillada. Ahí me saqué porque no estoy de acuerdo de pedir parrilladas en las parrillas. Te meten las sobras. Kuropatwa pidió una morcilla más en la parrillada (chistes malos, afuera) y Sasturain, flamante director de una carrera o un máster o algo así, pidió una suprema de pollo. Sasturain también tenía cara de abuelo de Heidi, pero más gordo. Y hablaba bajo. Tenía más autoridad que Kuropatwa y que Tantanián. Heker era una boluda que se quería coger a alguno, seguro, porque no paraba de reírse. Los arquitectos también hablaron mal de los alumnos. Sol Lobato, hablaron mal de vos. Dijeron que no podés hacer una línea recta. Sasturain se quejaba de que no saben hacer viviendas. "¿Cómo puede ser que sepan construir museos, shoppings, edificios de oficinas y cuando se les pide hacer una vivienda hacen laberintos? ¿Por qué, para pasar del living a las habitaciones se tiene que salir al patio?" Sasturain estaba indignado.