tema: my eyes (en vivo)
banda: travis
por qué: todos somos un poco sensibles
No tires nunca lo que te da vergüenza, no dejes
que nadie te alabe, nunca corrijas textos que sabés que pueden mejorar,corregí lo que no te acordabas que existía...(Daniel Durand, El estado y él se amaron, Mansalva)
Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas
Y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... La noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol. Y se echará en el piso como un perro. Y aguardará hasta la madrugada.
Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre.
Recorro con la mirada las revistas del quiosco en la estación de subte de Tribunales. No hay gran cosa, pero la veo. No se la consigue en demasiados lugares (o yo no la pude ver más que en Internet). El número uno (octubre de 2007) de la edición española de la revista Esquire. Recuerdo la tapa de noviembre del 68: William Burroughs, Terry Southern (el de "A la rica marihuana"), Genet, Sack. O la de febrero de 2001 (gran tapa con la maravillosa Monica Bellucci). En la edición que adquiero, Woody Allen en tapa. No está mal. Veo el precio: dos euros, según dicen la tapa; quince pesos argentinos, señala el quiosquero. No entiendo el cambio. Es cierto: euro - peso argentino, la relación está 4 -1. Es decir que 2 - 15. No dan las cuentas. Ok: viaje en barco (o avión, quién sabe), impuestos, ¿qué más? Siguen sin dar las cuentas pero igual la compro. Entre los dos ejemplares que tiene el hombre busco el menos arruinado. La hojeo. Llega el tren. Viajo en subte hasta Constitución. Leo. Y no lo puedo creer. Demasiada casualidad o será el destino. Una de las notas es sobre Haruki Murakami.
¿Le dio algún valor en su vida el haber nacido disléxico? –Ninguno. Problemas cuando jugaba al fútbol, soy zurdo. Problemas cuando me masturbaba, soy zurdo. Problemas cuando escribía, soy diestro. Como puedes ver, ningún problema importante.
¿No cree que si se hubiera emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mastretta otro sería su parecer acerca de sus libros?
–No lo creo.
Primero, porque esas señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque
yo ya no bebo. Tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta
lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el
plagio, la mediocridad o el silencio.
¿Cuál es la diferencia entre una escribidora y una escritora?
–Una escritora es Silvina Ocampo. Una escribidora es Marcela Serrano. Los años luz que median entre una y otra.
¿Quién le hizo creer que es mejor poeta que narrador?
–La gradación del rubor que siento cuando, por pura casualidad, abro un libro mío de poesía o uno de prosa. Me ruboriza menos el de poesía.
¿Usted es chileno, español o mexicano?
–Soy latinoamericano.
¿Qué es la patria para usted?
–Lamento darte una respuesta más bien cursi. Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.
¿Qué es la literatura chilena?
–Probablemente las pesadillas del poeta más resentido y gris y acaso el más cobarde de los poetas chilenos: Carlos Pezoa Véliz, muerto a principios del siglo XX, y autor de sólo dos poemas memorables, pero, eso sí, verdaderamente memorables, y que nos sigue soñando y sufriendo. Es posible que Pezoa Véliz aún no haya muerto y esté agonizando y que su último minuto sea un minuto bastante largo, ¿no?, y todos estemos dentro de él. O al menos que todos los chilenos estemos dentro de él.
¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria?
–Yo nunca llevo la contraria.
¿Usted tiene más amigos que enemigos?
–Tengo suficientes amigos y enemigos, todos gratuitos.
¿Qué sentimientos le despierta la palabra póstumo?
–Suena a nombre de gladiador romano. Un gladiador invicto. O al menos eso quiere creer el pobre Póstumo para darse valor.
¿Qué opina de quienes opinan que usted ganará el Premio Nobel?
–Estoy seguro, querida Maristain, de que no lo ganaré, como también estoy seguro de que algún atorrante de mi generación sí que lo ganará y ni siquiera me mencionará de pasada en su discurso de Estocolmo.
¿Cuándo ha sido más feliz?
–Yo he sido feliz casi todos los días de mi vida, al menos durante un ratito, incluso en las circunstancias más adversas.
¿Qué le hubiera gustado ser si no hubiera sido escritor?
–Me hubiera gustado ser detective de homicidios, mucho más que ser escritor. De eso estoy absolutamente seguro. Un tira de homicidios, alguien que puede volver solo, de noche, a la escena del crimen, y no asustarse de los fantasmas. Tal vez entonces sí que me hubiera vuelto loco, pero eso, siendo policía, se soluciona con un tiro en la boca.
¿Confiesa que ha vivido?
–Bueno, sigo vivo, sigo leyendo, sigo escribiendo y viendo películas, y como les dijo Arturo Prat a los suicidas de la Esmeralda, mientras yo viva, esta bandera no se arriará.

Asado o desayuno. Esa es la primera pregunta que Florencia Braga Menéndez me hace cuando salimos de su galería de arte, pero no alcanzo a responder porque a ella le suena el celular y pide disculpas. Atiende. Son las diez de la mañana y en Buenos Aires hace frío. Florencia acaba de entrevistar, acompañada por el coleccionista Gaby Werthein que había pasado a visitarla, a Margarita, una chica colombiana que tiene ganas de vivir un tiempo en

Mi día comienza a las siete, con la radio. Escucho el programa de Peña semi dormido y creo que hay algunas cosas que me entero inconscientemente y después no sé de dónde saqué esas cosas. Después me levanto y voy a desayunar en un bar de la otra cuadra. Café doble, solo, tres medialunas y un vasito de agua. Leo los diarios. Me indigno. Abro mi libro y disfruto una hora esa biografía. Después regreso a casa, escribo algo, cuando puedo, chequeo mails, chequeo los diarios de afuera, a las once y media me junto con un juez, a la una debería ya estar en el trabajo y a la noche: presentación de un libro de hip hop. Toda esta suerte de Un día con Prats la escribí sólo porque me resulta extraño que por la mañana me junte con un juez en Comodoro Py y por la noche vaya a escuchar a los Iluminate en Thelonious. Así es mi vida.

Papeles de Generation X, la novela de Douglas Coupland.Wrapped up in books, del disco Dear Catastrophe Waitress
A mediados de los 90, Stuart Murdoch recorría los cafés de Glasgow intentando convencer a otros jóvenes para formar una banda que tocara sus canciones. En enero de 1996, por fin pudo materializar su sueño durante un curso de industria musical creando un grupo junto con otros alumnos. Parte de dicho curso consistía en grabar un disco en el sello independiente Electric Honey, fue así como grabaron el primer álbum de Belle & Sebastian, titulado Tigermilk y del que solamente se editaron mil copias en vinilo. Hasta 1999, fecha en la que Jeepster lo reeditaría, fue un auténtico objeto de deseo para los seguidores del grupo.
El coordinador del curso, que trabajaba en el sello independiente Jeepster Records, les consiguió un contrato con dicha compañía, editando el álbum If You're Feeling Sinister el mismo año, al cual le siguieron una secuencia de sencillos a lo largo de 1997. Esta etapa sería considerada por muchos como la mejor en su carrera.
En sus letras se apreciaba una gran carga literaria, con especial influencia del escritor J. D. Salinger, y en ellas contaba historias agridulces sobre frustraciones juveniles, casi siempre narradas en tercera persona. La estética elegida para sus portadas y sus vídeo clips también contenía guiños a los años 60, principalmente al espíritu y la estética de la Nouvelle Vague.
(para +)
Dress up in you, del disco The Life Pursuit