14 octubre 2009

Remeras

Tengo una manía. Ciertas remeras –no todas– las doy vuelta para que se le vean las costuras. ¿Explicación? Ninguna. Aunque Philip Roth, pone en boca de la amante del protagonista de Engaño una explicación a la misma manía. “Es muy elegante –dice la mujer– sugiere que eres una persona algo anárquica”. Admito ante el tribunal, entonces, mi anarquía.

15 septiembre 2009

Rock

Recibo un mensaje:
"Lo lindo es que ya nadie te puede negar el rock. Es fastidiosamente tuyo."

20 agosto 2009

Máquina

Me preguntan por qué ya no escribo, me preguntan si abandoné una vez más el blog. Tal vez, les digo. Les digo que estoy escribiendo en mi cabeza, y las letras se incrustan como martillos de una Remington vieja, y arruinada, y que grita para que el papel se acabe.

22 julio 2009

White album

Anoche caminaba con una groupie que decía odiar ser groupie por las calles de Palermo Cheto. Ella cantaba canciones de los Beatles (blackbird singing in the death of night, take these broken wings and learn to fly) y yo le tiraba uno tras otro títulos del álbum blanco. Ella balbuceaba algunas letras en inglés, de vez en cuando desentonaba. Un rato antes habíamos estado en un bar con un camarada de revoluciones y otras chicas que en algún momento podrían ser groupies, y ella me decía que odiaba a Cat Power. Yo le dije que suelo enamorarme de las chicas inalcanzables.

17 julio 2009


pienso lo mismo
la lista de temas:
House/Dreams/Makin Believe/Sea of love/left lonely/Silver Stallion/New York/I lost someone/Lord help/Fortunate son/Metal heart/Blue/She´s got you/Dark end of the street/The greatest (Jim counts in)/Lived in bars/Life of the party/Could we (short)/Ive been lovin you/I don´t blame/Song to Bobby/Ramblin woman/Angelitos negros

09 julio 2009

Al fin, la noche

La reconstrucción se hace por flashes. No hay un encadenamiento natural de las cosas. Me veo a mí a las ocho de la noche, después de la ducha, junto a la ventana, y veo a la vecina de enfrente en la cocina. No tengo cortinas y ella lo sabe. Me llama por teléfono mi amigo de San Pablo. Dice que ya empezó a trabajar y que su vida es un estrés y que en estos días no se pudo ir a ninguna playa porque los días no están para chapotear ni hacerse milanesa. Le agradezco el llamado y corto y empiezo a vestirme y busco las zapatillas de siempre, la remera de siempre, los pantalones rotos. Después busco la campera, las llaves y salgo, me voy caminando en un silbido que sólo escuchan las viejas que me miran y se dan vuelta por la calle como si lo mío fuese una publicidad de shampoo, y el pelo flamea al aire, larga melena Koleston Rojo en una calle que podría ser Florida, rodeado de oficinistas en blanco y negro que se dan vuelta y mi pelo, el que me acabo de lavar con el nuevo shampoo head & shoulders, se mueve como si tuviera ganas de decir algo, en cámara lenta, como si corriera hacia el tren de Viaje a Darjeelin con el modelo de Hermenegildo Zegna que corre al lado. Sos mi ídolo Adrien. O no. No admiro a nadie. Lo único que me acuerdo de esa película es el corto del principio, con Natalie Portman en una habitación de París escuchando un tema en francés. No recuerdo mucho más. Ese podría haber sido un buen regalo: Natalie, París, habitación y canción en francés cantada en el balcón en un atardecer tan rojo como mi pelo. Desde luego que, al igual que mi pelo rojo al viento, mi imaginación me juega bromas similares: no tengo ni pelo ni habitación ni París. A Portman la estamos consiguiendo. Aún no bajo los brazos. Ya me confirmaron el almuerzo con Chan Marshall (o Cat Power para los que sólo vieron I'm not there y sólo escucharon esa hermosa versión del tema de Dylan por parte de la niña) así que tal vez tengamos a Chan en los próximos días y te juro, chiquita, que no voy a parar hasta que logre que me cante al oído.
Cuestión que estaba en mi viaje rumbo al bar.
Y todavía no llegué. Y no empecé a saludar a mi amigo el Gallo, ni a su novia ni saludé a mi hermano ni a mi hermana ni a su novio ni empecé a invitar tragos a diestra y siniestra (linda frase), balas de un cargador que martilló varias veces durante la noche. Siempre para los amigos. En un momento, ya comenzaba a perder la memoria, llegó un contingente de holandesas que nunca supimos cómo habían llegado, pero la imagen era esta: una pista de pelos rubios de todos los tamaños que te hablaban así: my dear, y te decían my dear para pedirte tragos y uno que es buena gente bang bang bang, tragos de un lado a otro, de una punta a otra de la barra, rastros de sangre por las mesas y alguien que volcó el bitter soda o el aguardiente o el mezcal sobre la tabla de madera del inodoro. Alguien volcó la vida en la mesa y veo a mi hermano del alma que se arrastra por la mesa con los mismos movimientos que el fanático de Michael Jackson que está sobre el escenario desde las nueve y baila la misma coreografía de algún tema de Britney.
O acaso no era mi hermano el que se arrastraba sino el Rey del Mambo. En un momento, apenas lo recuerdo, llegó El Viajero del Siglo, que había tenido una cena con su abuela o con sus familiares y se estaba yendo hacia el hotel y pasó a saludarme y cantó y hasta bailó con alguna canción de Beatles que pasaron en un momento. Repito que lo mío son recuerdos vagos. Intermitentes. Flashes que se suceden sin orden cronológico, no sé en qué momento llegamos hasta donde estamos ahora. En esta habitación a oscuras llena de máquinas, llena de personajes hipnotizados por las pantallitas plateadas y las hamburguesas. Y hay ruidos. Y hay gritos. Y hay sangre.

03 julio 2009

Resistencia

Escribo desde la última trinchera de paranoia. Alrededor ya no queda nadie. Los pocos que estaban se fueron. Me llaman por teléfono y me preguntan si el festejo se hace. Mi amigo agente secreto me recomienda que tome las precauciones necesarias, que no se justifica brindar por un momento como este y me impulsa a cancelar todo. Les respondo que teniendo en cuenta la emergencia sanitaria mañana continúa en pie el festejo. Será el último foco de la resistencia. Estaré en la otra punta del bar, solo con mi Jack Daniels, saludando de lejos, disparando desde un árbol a los que empiecen con alguna queja. Mañana nos reuniremos algunos pocos a juntar los pedacitos de felicidad que quedan mientras todo se derrumba.

16 junio 2009

Intimidad

Morrison dice que ya no escribo más en el block porque me hice metodista. Es mentira. También dice que dejé el anarquismo y el punk para desayunar en Martínez y en Delicity. No le respondo. Habla y termina hablando solo. Me dice que ahora que tengo loza radiante y alfombra me hago el japonés y me quito las zapatillas Converse al ingresar al departamento nuevo. Estoy un poco obsesionado con que no se me ensucie la alfombra, en principio porque no quiero llamar al limpialfombras. ¿Cómo se sacan las manchas de alquitrán de una alfombra? Morrison no tiene idea. Dice que él puede hacerme la changa. No le respondo. Dice que tiene una espuma que saca todas las manchas, incluso las más difíciles y pone tonito de publicidad televisiva. Todavía estoy rodeado de cajas con libros pero ya puedo descansar. No tengo cortinas y cuando duermo los vecinos del décimo piso están al tanto de mis movimientos, así también cuando me baño y cuando corro desnudo por el living como un Guido Kafka en un capítulo de Clave de Sol.

07 junio 2009

Última

Comienza la última semana en mi viejo departamento. Hasta el momento tengo once cajas con libros cerradas y etiquetadas. Faltan diecinueve y calculo que me faltarán catorce más cuando termine de ocupar todas las que conseguí. Pienso en descargar y volver a cargar, como si fuera un revólver de libros que te rompen la cabeza. Acabo de ingresar al weather channel para ver el pronóstico del tiempo del próximo fin de semana, que serán los días para hacer efectiva la mudanza con el flete. Según parece el sábado estará soleado y el domingo habrá 30 por ciento de probabilidades de precipitaciones. Terminaré el sábado. El sábado quizás ya pueda dormir frente a las canchas de Marangoni. El flete será de unos pibes de la barra brava de Huracán: están entusiasmados con el equipo así que vendrán de buen humor. Ahora tengo que armar la logística con los autos de mis amigos. Ya tengo tres autos que estarán disponibles el fin de semana que viene: cada uno de los autos cargará diez cajas de libros y quizás alguno pueda traer algo un poco más grande y pueda meter veinte. Las cajas están numeradas, y no hay polvo como en la mudanza anterior porque no hay canastos de mimbre. Mañana firmo. Mañana cancelo mi deuda con el banco. Parece que estoy armando todo para la gran estafa. Quizás en realidad no me vaya al nuevo departamento. Quizás cambie mi identidad y desaparezca.